El señor CAMET DICKMANN.— Bueno, lo que le puedo dar es fotostática de los libros. ¿De la
situación actual quiere o qué?
El señor PRESIDENTE.— Sí, un poco mirar la historia, básicamente, 1992 a la fecha, si es que han
habido variantes.
El señor CAMET DICKMANN.— Yo no tengo inconveniente de dar la información que requieran,
porque me sirve para salir de este tema ya.
El señor PRESIDENTE.— Está bien.
¿Usted renuncia al cargo de presidente del directorio y gerente general de J. J. Camet Ingenieros, porque
ingresa a la función pública? Es decir, primero transfiere la propiedad —me señala— el año 1983, en
función del tema de la previsión de la posibilidad de un Impuesto a la Renta, perdón un impuesto a la
herencia.
El señor CAMET DICKMANN.— Sí, pero no sólo eso, alguna propiedad inmobiliaria que también
tenía.
El señor PRESIDENTE.— ¿Pero mantiene una función de presidencia del directorio y de gerencia
general de J.J. Camet Ingenieros?
El señor CAMET DICKMANN.— Hasta que yo entro al Ministerio de Industrias, yo he sido el gerente
general que se fajara con la empresa. La construcción no es un negocio suave.
El señor PRESIDENTE.— Luego, ¿quiénes ingresan a la administración de la empresa directamente?
¿quiénes cumplen función directa en la gestión?
El señor CAMET DICKMANN.— Mis hijos ya estaban trabajando...
El señor PRESIDENTE.— ¿Todos ellos? ¿o hay algunos en particular que entran?
El señor CAMET DICKMANN.— No, si pongo 7, olvídese, pues; bueno, hay 2 mujeres y 5 hombres.
Habían dos que estaban trabajando ya y haciendo su experiencia. Y si yo cometí cierta —vamos a
llamarlo— irresponsabilidad de dejar la empresa para hacer un cargo público un poco de ver la situación
desastrosa que tenía el país cuando yo entro.
Yo sí tengo un premio y un castigo. El castigo ya hablé, y tengo un premio que es que mis hijos se
terminaron de forjar, porque siempre cuando está papá: papá es el zar, papá es el que mandaba, es papá.
Entonces, no llegan a soltarse y en algunas cosas delicadas de repente para tomar una decisión dicen
vamos a consultarle al viejo, porque sino el viejo pega una requintada, dice que no está de acuerdo, o lo
que fuere.
Entonces, estos se fajaron, tenían buena educación, los mandé a estudiar afuera porque en la época de
Velasco, que era la época en que ellos estudiaban, no había futuro para los muchachos. Había que
generarles una carrera internacional, por sí acaso de no volver al Perú. Y entonces eran pues más
modernos, como es natural, que yo, e hicieron una excelente labor. Mi premio es la excelente labor que
mis hijos han sabido hacer en el manejo de la empresa: se forjaron, y lo han hecho excelente. Ese es mi
premio, y el único premio que tengo yo de haber dejado la empresa. Todo lo demás es carga, la
satisfacción de un padre.
El señor PRESIDENTE.— ¿De sus hijos los que centralmente asumen esta función son Carlos Enrique
y Fernando?
El señor CAMET DICKMANN.— No, señor Presidente.
Fernando es el gerente y es el de los mayores, el que antes entró a la empresa; y Felipe, que estaba en ella,
-9-