por su aspecto físico y le dijo que pasara, que ingresara, que no se preocupara. Entonces, al ver yo que no estaban los demás chicos, dije: hay que esperar que vengan ellos. No, vamos nosotros los dos, que ellos venga y esperen nomás, y le dejó encargado al guachimán o al hombre que estaba en la puerta: si vienen los demás chicos que nos esperaran que ya vamos a salir. Bueno, ingresamos los dos, yo incluso, no pensaba porque estaba con un par zapatos que había mandado arreglar con una bolsa y tenía miedo entrar así a una oficina y lo dejé ahí en la sala de espera, y estuvimos como dos minutos esperando en la sala de espera y salió el general de su oficina con su edecán y el edecán nos dice: pasen. Bueno, entramos, y le digo: qué hago con esto, no voy a entrar con mis zapatos remendados acá, ponlo nomás debajo, lo puse debajo de un mueble y entramos. El general lo saludó primero a él y al verme a mí como que notó cierta molestia tal vez ¿no? Sí, cierta molestia —como quien dice— al decir: por qué trae testigos o para qué trae gente así. El señor PRESIDENTE.— Señor Chambi. El señor CHAMBI MAMANI.— Dígame. El señor PRESIDENTE.— Usted entra a la comandancia, entra ya a la oficina, al despacho del general José Villena Arias. El señor CHAMBI MAMANI.— Sí. El señor PRESIDENTE.— Acompañando al señor José Carlos Apaza Aleman. ¿Cuántas personas entran en ese momento con usted? El señor CHAMBI MAMANI.— Solamente los dos. El señor PRESIDENTE.— Solo los dos. El señor CHAMBI MAMANI.— José Carlos Apaza Aleman y yo. El señor PRESIDENTE.— Los demás muchachos se quedan fuera. El señor CHAMBI MAMANI.— No le digo que ellos se fueron a comprar una gaseosa a un kioskito de la esquina. El señor PRESIDENTE.— Es para que precise claramente el registro. El señor CHAMBI MAMANI.— Sí, sí. El señor PRESIDENTE.— Entran solamente dos. El señor CHAMBI MAMANI.— Dos. El señor PRESIDENTE.— ¿Dónde se queda el señor Ibarra y Mata? El señor CHAMBI MAMANI.— No, el señor Ibarra nos dejó en la puerta y él se fue. Se fue en el carro hacer otra diligencia, no preguntamos en ese momento. Y el general lo saluda entrando a la puerta de su oficina a José Carlos muy alegremente y se escuchaba en su equipo de sonido personal que estaba escuchando radio Libertad. Y al verme a mí, pues, como que me saluda y le noté con cierta molestia, o sea como diciendo tal vez: y éste por qué trae amigos o por qué trae gente así nomás. Bueno, me saludó, incluso, me señaló así con el dedo, y José Carlos le dijo: no, no se preocupe, es de mi confianza. Entonces, lo miré: cómo está, bueno o saludé: buenos días. Pasen, tomen asiento, nos dice, nos sentamos y estamos ahí frente a él, y empiezan hablar José Carlos y el general y José Carlos le pregunta: ¿que le ha parecido el programa de hoy? El -17-

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