equipamiento era inferior. Aunque posee dos locales institucionales en Lima (uno
de los cuales es la Escuela Nacional de Control) y se ha extendido a siete
subsedes provinciales, la oficina de la CGR no tiene un equipamiento informático
de última generación. En ese sentido se halla muy por detrás de instituciones
como las recaudadoras ya mencionadas, y también expresa notable retraso en
contraste con las reguladoras como INDECOPI, OSIPTEL u OSINERG, a pesar de
las enormes demandas y exigencias de control a nivel nacional.
El retraso tecnológico en informática ha significado grandes dificultades para
integrar datos y potenciar las operaciones de la CGR. Por ejemplo, aunque existe
un sistema integrado de control que desde hace tres décadas vincula a la CGR
con las auditorias internas de cada institución pública, durante los noventa no se
puso en marcha ningún sistema informático de conectividad entre las unidades
integrantes de este sistema. Esta ausencia de conectividad también incluye a las
Sociedades de Auditorias Externas (SOA)- previamente designadas mediante
Concurso Público de Méritos-, empresas privadas de auditoria que están
reconocidas legalmente por la misma CGR y comprometidas a un trabajo
estandarizado ejecutado como parte del sistema nacional de control.
Pues bien, la ideas de potenciar el sistema nacional de control creado décadas
atrás por los militares en el papel parece muy positiva. En la práctica, se ha
avanzado menos de lo esperado porque durante el fujimorismo la CGR no buscó
integrarse por medios magnéticos con las otras oficinas pertenecientes al sistema
nacional de control. De este modo, el principal logro que resalta Víctor Caso Lay
de su gestión, precisamente el refuerzo del Sistema Nacional de Control tiene
mucho de formal, puesto que no se dieron pasos prácticos para transformar esas
ideas de redes en una realidad. Por el contrario, en la mayor parte de las
instituciones públicas de punta, la década del noventa se caracterizó por grandes
saltos hacia adelante en la informatización y el tendido de redes vinculantes.
Esta visión panorámica del mundo interior de la CGR debe incluir la consideración
por la organización del trabajo. Como vimos, el número de trabajadores se amplió
lentamente después de llegar a mínimos que denotaban escasa capacidad de
cumplimiento de sus funciones. Además, la organización fue altamente inestable
porque se sucedieron cuatro reorganizaciones integrales en siete años, haciendo
del organigrama una pieza de juguete para experimentar las más variadas
opciones.15
Uno de los pocos elementos estables del período fue la concentración del poder
en manos del contralor. Para Jorge Carrillo Vargas, quien trabajó en diferentes
áreas de la CGR desde 1970 hasta nuestros días, entre 1993 al 2000, la
Contraloría tuvo una estructura sui generis, donde todos estaban encerrados en
15
Según las declaraciones del actual Gerente Central de Control de la CGR, Jorge Carrillo Vargas (sesión del
día 30 de Mayo del 2002), quien trabajó en la institución por más de 18 años, “en un período muy corto
hubieron muchos cambios estructurales y eso me lleva a pensar que se estaba tratando de organizar una
desorganización. No se respetaban niveles, él contralor podía dirigirse a un asistente de auditoria pasando por
encima del jefe de comisión, del supervisor general, del gerente central y de sub contralor”.
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