Capítulo 3
El sinuoso camino al desastre, 1860-1883
Desde la declaración de la independencia del Perú, la venalidad, la corrupción y
los sobornos no habían sido algo del todo extraño en las oficinas de los ministros
y sus dependientes, ni tampoco en los salones del presidente mismo, o en las viviendas
de sus parientes cercanos. Se creía que bajo el gobierno de Echenique en tiempos
de la Consolidación habían alcanzado su punto más alto, pero se engañaban
enormemente quienes así lo pensaron; estos delitos nunca acecharon con mayor descaro
desvergonzado que en el periodo actual.
Heinrich Witt (20 de noviembre de 1871)1
L
a ciudad de Lima gozaba de una peculiar prosperidad hacia 1860 en medio
de una corrupción sin tapujos. El auge guanero torpemente administrado
iba transformando de manera irreversible a la vieja capital virreinal. Nuevas
fortunas eran gastadas en estilos de vida suntuosos; se abrían bancos, mientras
que las compañías financieras y comerciales construían ferrocarriles. Los ricos
consumían lujos importados, acicalaban el centro de la ciudad y erigían ranchos
elegantes en el balneario de juego de Chorrillos. Los nuevos acaudalados y
los poderosos lucían su riqueza en los bailes de sociedad ataviados extravagantemente con joyas preciosas. Un espejismo de bonanza económica y febril
ambición disipaba cualquier preocupación sobre los peligros financieros que se
avizoraban. La deshonestidad administrativa heredada ensombrecía el cuadragésimo aniversario de la independencia. «¿Qué importaba todo?», preguntaba
un panfletista con ironía y vergüenza, «¿no hay esta noche baile en palacio?».2
1.
Witt, Heinrich. «Diary» (versión mecanografiada del manuscrito original en inglés, colección Kika Garland de Montero), vol. 7, pp. 292-293.
2.
Maso, Manuel María del (Ibrahim Clarete). Aniversario. Lima: A. Alfaro y Cía., 1861, pp. 11-13:
«¿no bailan, no cantan, no comen, no beben, no se refocilan, no se ríen, no se pavonean
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