Prólogo
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contrastando y cruzando información de origen cuantitativo y cualitativo; y
al mismo tiempo perfeccionar su estilo de escritura. Gracias a sus estudios
podemos pensar por qué los peruanos tendemos a responsabilizar a otros de
nuestro destino, por qué toleramos la cultura de intimidación que crea la corrupción, por qué existe un patrón a mirar el corto plazo y embriagarnos por
algunos de los escándalos que compiten por nuestra atención en lugar de mirar
al desarrollo en el largo plazo, y sobre la importancia de comprendernos reflejados en otras sociedades, aparentemente distintas como la cubana.
Por último, su vida profesional y personal fue una imperiosa lección de
vitalidad, de disfrutar de lo que hacemos. De pensar que el día tiene menos
horas de las que podemos disfrutar. Sus amigos, sus colegas, sus estudiantes
vamos a extrañarlo, con seguridad. Únicamente nos queda leer y estudiar sus
publicaciones, indispensables —y disculpen que rompa la promesa inicial de
este texto de no hacer ningún comentario personal—; pero creo que solo nos
queda tratar de parecernos a él. Hace poco, cuando enfrentaba con valor el mal
que lo aquejaba, tuve el privilegio de confesarle que siempre había querido ser
como él y de decirle que lo quería.
Río de Janeiro, febrero de 2013
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