1 / El fracaso de las reformas coloniales, 1750-1820
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La estabilidad virreinal a través del patronazgo implicaba un costo alto.
Este sistema iba acompañado por la corrupción que, a veces, lograba suavizar
las fricciones inmediatas, pero que, en última instancia, ofrecía beneficios solo
para unos cuantos, a expensas de las leyes e instituciones que garantizaban el
bien común.93 Esta solución venal al conflicto político sobreviviría en el Perú
como un obstáculo arcaico, pero significativo, al desarrollo institucional.
A través de medios corruptos a veces sofisticados, el poder de los virreyes
prevaleció en medio de conflictos de jurisdicción avivados por autoridades judiciales y eclesiásticas. Los virreyes patrocinaban facciones que los respaldaban
en el poder y neutralizaban a grupos hostiles. El virrey se rodeaba inicialmente
de numerosos miembros de su familia, parientes, clientes y criados que viajaban
con él desde España. Este séquito cercano era crucial para la obtención de beneficios no oficiales para el virrey. La red virreinal se expandía luego para atraer
a intereses locales ansiosos por cortejar al nuevo virrey. Este patrón se repitió en
los gobiernos de sucesivos virreyes desde los primeros tiempos de la Colonia.
Existen ejemplos muy bien documentados de redes patrón-cliente que
tuvieron un impacto significativo en el virreinato. Los miembros del entorno
familiar y séquito del virrey Fernando de Torres y Portugal, conde del Villar
(1584-1589), fueron acusados de tráfico de influencias por súbditos contrariados. Entre los cargos, que fueron materia de una investigación posterior y de
una visita general, se acusaba a Villar de haber recibido sobornos a través de la
mediación de parientes cercanos (principalmente su hijo Jerónimo de Torres
y su sobrino Diego de Portugal) y de clientes (Juan Bello, su secretario y chivo
expiatorio) para otorgar nombramientos oficiales y conceder otros favores. El
patronazgo de Villar había infiltrado y dominado a la Audiencia de Lima y al
cabildo de la ciudad, que invariablemente respaldaban sus decisiones prepotentes. Su caída sin precedentes comenzó con la excomunión que el indómito
Santo Oficio de la Inquisición le fulminó. A este golpe le siguieron acusaciones
93. Para una interpretación distinta y relativista del significado de las leyes coloniales, del
«bien común» y de la «corrupción», véase Herzog, Tamar. Upholding Justice: Society, State,
and the Penal System in Quito (1650-1750). Ann Arbor: University of Michigan Press, 2004,
pp. 159-160; y Pietschmann, Horst. «Corrupción en las Indias españoles: revisión de un debate en la historiografía sobre Hispanoamérica colonial». En González Jiménez, Manuel et
ál. Instituciones y corrupción en la historia. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1998, pp. 33-52,
esp. 45-46, en debate con la postura opuesta de Saguier, Eduardo. Ob. cit., respaldada por
Patch, Robert. «Imperial Politics and Local Economy in Colonial Central America 16701770». En Past and Present 143, 1994, pp. 77-107.
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