El señor RAMOS VIERA.— Así es. La señora PRESIDENTA.— Entonces, los edecanes de Fujimori estaban ahí a la espera porque la oficina de Fujimori estaba ahí. El señor RAMOS VIERA.— Continua, a un costado. La señora PRESIDENTA.— Entonces, Agois llegaba y se quedaba en Edecanes. No, lo recogían para que vaya a otra sala, o Montesinos no iba a sentarse con él ahí. El señor RAMOS VIERA.— No. Es que... bueno, en ese momento no estaba el Presidente, no se encontraba, digamos estaba vacío y se reunían ahí dentro, en la sala de Edecanes. La señora PRESIDENTA.— O sea, para usted es un hecho que Montesinos se reunía con ellos en Edecanes sin ninguna duda. El señor RAMOS VIERA.— Yo mismo lo he visto en Edecanes. La señora PRESIDENTA.— Pero puede ser que hayan entregado a la oficina de Montesinos y usted no... El señor RAMOS VIERA.— No creo. No recuerdo bien. La señora PRESIDENTA.— Y por qué eso, porque a la mayoría, se supone, lo recibía en su oficina, ¿no? El señor RAMOS VIERA.— No. O sea, a lo mucho los ha recibido, por ejemplo, en la sala de conferencia donde se reunían, por ejemplo, los dueños de los canales o en la oficina del Almirante Rozas, pero necesariamente en su despacho del doctor no. La señora PRESIDENTA.— O sea, la sala famosa de la grabación es la de Rozas. El señor RAMOS VIERA.— Del almirante Rozas. La señora PRESIDENTA.— Allí no recuerda que hayan entrado. El señor RAMOS VIERA.— Al menos no le he conocido yo ahí. La señora PRESIDENTA.— Ya. ¿Cómo es que usted sabe que García Pike, el embajador, era el contacto con los Agois?, ¿cómo se entera? El señor RAMOS VIERA.— Bueno, usted me dice por el diario Ojo, y el señor García le dice... Bueno, la conversación era más con la señora Maruja. Él decía, va a venir el señor García Pike, entonces nosotros llamábamos a la guardia, incluso ni siquiera se le recogía, sino él solo venía. Se llamaba a la guardia, el señor García Pike, ingresaba y lo único que hacíamos era recibirlo abajo, en Alfa, y conducirlo a una salita de espera. La señora PRESIDENTA.— Claro, eso se entiende. Lo que yo quería saber era, cuando yo le pregunto, usted conoce si los dueños o el dueño del diario Ojo de apellido Agois han visitado, usted me dice: “Sí. Pero cuando ellos no podían, iba el embajador”, ya recordó el apellido del embajador. ¿Cuándo, cómo usted se entera que el embajador es su contacto, amigo de estas personas de apellido Agois? -47-

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