dan lugar a una tipología de relación e infiltración correspondiente a la fase actual
del desarrollo del narcotráfico.
Los mecanismos utilizados por el narcotráfico son múltiples, siendo en lo
fundamental funcionales a todas las modalidades o patrones, dependiendo de
\ preminencia asignada y la forma particular como se combinan entre ellos,
'signando un sentido específico a la modalidad en la que se adscriben. Así, la
gratificación económica de los "favores" puede estar presente y ser frecuente en
todas las modalidades, así como adquirir expresiones diferenciadas según sea el
caso, la autoridad o el personaje implicado y el nivel de participación en el circuito
del tráfico ilícito de drogas.
Diversos factores endógenos y exógenos explican está instrumentalización de los
partidos y movimientos políticos regionales y locales. Por un lado, el fortalecimiento
del narcotráfico en Perú, debido al proceso vertiginoso y altamente rentable
acumulado en su historia. Esta nueva fase en el rápido desarrollo del TID le ha
correspondido un nuevo rol estratégico a nuestro país que ha transitado de
proveedor de insumos a productor y exportador de droga procesada, en un
contexto regional y local adverso, caracterizado por una débil presencia del
Estado, la ausencia de una propuesta de desarrollo sostenible, en los que el
narcotráfico se ha convertido en el eje articulados de todas las formas de violencia.
Otro factor central que explica este proceso de infiltración e instrumentalización de
las organizaciones políticas ha sido el debilitamiento y fragmentación de los
partidos y movimientos políticos. Mientras el narcotráfico avanza vertiginosamente,
los partidos políticos enfrenta una crisis cada vez más profunda que pone en
cuestión su propia existencia. Mientras los partidos políticos nacionales se
centralizan, burocratizan, reduciéndose a su mínima expresión, los movimientos
políticos regionales y locales proliferan e irrumpen desbocadamente en la escena
política, tratando de cubrir el espacio abandonado por los partidos.
El resultado de estas relaciones tensas y no pocas veces conflictivas, ha trastocado
no solo los procesos electorales, también los mecanismos de representación, la
relación entre representantes y representados ha quedado definitivamente
fracturada. De esta manera la vulnerabilidad de las organizaciones políticas frente
a la amenaza de la infiltración del narcotráfico es más profunda aún. Todo esto en
el marco de una ausencia de voluntad política para impulsar reformas políticas
integrales.
Finalmente, un tercer factor es el insuficiente desarrollo de un marco legal, políticas
públicas y estrategias de intervención eficientes y coherentes con las necesidades
del escenario actual. Por un lado es evidente el fracaso de las políticas y estrategias
de lucha contra el narcotráfico, los gobiernos sucesivos no han mostrado resultados
que den cuenta de algún avance, ni existen indicadores claros de medición de los
resultados. Por el contrario el involucramiento de funcionarios públicos civiles y
militares en actividades del narcotráfico ha sido creciente y persistente en las
últimas décadas. En estas condiciones, la evasión de los mecanismos de
fiscalización y control se ha convertido en el cuello de botella del proceso.
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