No obstante, hoy todos los sectores perciben la corrupción como uno de los principales problemas del país. Cada vez hay más conciencia de que romper el circulo vicioso es una condición necesaria para crecer económicamente, pero en especial para construir un país menos violento, más justo y que brinde oportunidades a todos. Un compromiso internacional Formular, aplicar y mantener en vigor medidas coordinadas y eficaces contra la corrupción es, además, una obligación internacional que el país asumió el 2004. En concordancia con la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, el Perú se ha comprometido a promover la participación de la sociedad y reflejar los principios del imperio de la ley; a la debida gestión de los asuntos públicos y los bienes públicos, y a la integridad, la transparencia y la obligación de rendir cuentas. Junto con esto, es necesario un mecanismo eficiente y efectivo de evaluación permanente de los instrumentos jurídicos, de las medidas administrativas adoptadas y de la intensa promoción del protagonismo ciudadano en los espacios públicos. Las medidas políticas deben abarcar el funcionamiento del Estado y combatir la naturalización de la corrupción. Es un trabajo normativo y de gestión, pero también de cambio cultural, que debe impregnarse en las familias, las escuelas, los centros de trabajo y, por supuesto, en el propio Estado. Nuestro encargo: propuestas para hoy Este informe nace de la Resolución Suprema No. 258-2016-PCM, del 19 de octubre de 2016, por la cual el Poder Ejecutivo creó la Comisión Presidencial de Integridad, con el encargo especifico de «proponer [en 45 días calendario] medidas concretas para promover la integridad y el respeto a los principios éticos en la función pública, con la finalidad de fomentar la transparencia, y prevenir y sancionar la corrupcióm>. Por lo acotado del mandato y lo breve del plazo, el informe prioriza temas cruciales, como la prevención y los mecanismos de denuncia, transparencia y acceso a la información pública. Asimismo, la difusión y asimilación de los códigos de ética, el adecuado control de las compras del Estado, las obras públicas, el tráfico de influencias, el financiamiento de los partidos políticos y la lucha contra la impunidad. Para ello, tanto en Lima como en Arequipa, Pucallpa y Trujillo, hemos recibido ---€ incluso acogido literalmente- aportes de autoridades públicas y representantes de la sociedad civil, de gremios empresariales, de organizaciones sindicales, de instituciones académicas, de expertos, de periodistas y de ciudadanos que incluso tuvieron la oportunidad de hacernos llegar sus propuestas a nuestro correo electrónico (comisiondeintegridad@gmail.com) . El presente informe no tiene la pretensión de abarcar la problemática entera ni de brindar todas las respuestas sobre la forma especifica de implementar las propuestas. Esa labor le corresponde a cada institución involucrada, y su impulso requiere la decidida intervención de nuestras más altas autoridades. La complejidad del desafío debe movilizar lo mejor de nosotros: mandatarios y ciudadanos de a pie, trabajadores independientes e integrantes del sector público y privado, mujeres y hombres, jóvenes y mayores. En esta tarea, las redes sociales y los avances tecnológicos pueden y deben transformarse en herramientas cruciales. Es momento de pasar de la tolerancia a la indignación; y de la indignación, a la integridad; es decir, a la honradez, la rectitud y la responsabilidad . 5

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