La señora DÍAZ VILLANUEVA.— Ya, de ahí que se retiran, Yolanda quería quedarse con la
señora, pero su hermana me dijo: Gladys no, tú te vas a quedar, me dijo.
La señora PRESIDENTA.— ¿La hermana de quien?
La señora DÍAZ VILLANUEVA.— La hermana de la señora Susana. Entonces yo me quedé,
yo me he quedado y he estado afuera en la USE esperando.
Entonces, me dicen: No, tienes que quedarte para que ingreses y vas a estar sentada al pie de la
cama de la señora.
La señora PRESIDENTA.— ¿Quién le dijo?
La señora DÍAZ VILLANUEVA.— El doctor Torres, era director de la USE, y es ahorita
director de la USE. Entonces, yo me he quedado ahí, pero cuando el doctor Torres se ha retirado
y todos se han retirado, a mí me han sacado, me dijeron: Usted no tienen por qué quedarse. Pero
el doctor ha autorizado, él es el director de la USE, él ha autorizado que yo me quede. No, no,
usted se va.
Entonces yo me puse un poco malcriada con el doctor, un chino que entró, un chino alto,
delgado, joven nomás.
La señora PRESIDENTA.— ¿Cómo se apellida?
La señora DÍAZ VILLANUEVA.— No, yo no sé el apellido de ese señor, porque la verdad
que cambiaron de turno, había un doctor trigueñito y lo sacaron a él, porque él era el turno de
amanecida, pero justamente ingresó este doctor y otras enfermeras que no eran las anteriores que
estaban. Entonces yo lo único que hice fue retirarme.
Cuando en eso, como a eso de las dos de mañana o una y media, no recuerdo la hora exacta,
empezó a gritar la señora, gritaba fuertemente, ¡Gladys!, ¡Gladys!, ¡ayúdame!, ¡ven!, ¡sálvame!,
¡sálvame! Y decía: ¡Teniente!, ¡teniente!, por favor, entre, rompe la puerta, ¡ayúdenme!,
¡ayúdenme! ¡esta gente me está haciendo daño!
Entonces, yo no sabía qué hacer, yo quise entrar, e ingresé y logré ingresar y cuando ya estaba
para ingresar para ir a donde estaba la señora, el doctor ese alto me empujó y me dijo: “Usted es
una malcriada, retírese”, ahí me sacó.
Como yo ando con un celular, cogí el celular y lo llamé a su hermana, y le digo: “Señora Celsa,
por favor, la señora no sé qué le están haciendo, pero yo le estoy escuchando con unos gritos y
dicen ¡déjenme!, ¡ay!, ¡ay!, decía, ¡ya no me hagan más daño!, ¡más daño! Ella nunca había
gritado de esa manera, pero en ese entonces gritó.
Cuando en eso ya pues seguía llamando: Señora, ya está por llegar, porque escúchenla,
escúchenla. Entonces yo ponía el celular ¿escucha los gritos? Sí. Entonces ella ha ingresado, yo
le ha abierto la puerta, no sé cómo he logrado abrir la puerta, ella ha ingresado, se ha puesto
botas todo y se ha metido.
Yo he esperado que amanezca, he estado toda la noche paseándome en el hospital, preocupada.
Cuando ya ha amanecido, ella me dice: Gladys, si yo no hubiera visto lo que he visto, —así me
dijo, no me olvido porque son sus palabras de ella— yo no le hubiera creído a mi hermana
porque siempre piensan que ella está loca. Ella ha estado amarrada y le habían hecho unos
nudos, todita así con las piernas todo hasta acá, todito esto estaba amarrado (4) y yo he tenido
que ver la forma cómo desatarla y llamarle la atención que por qué a mi hermana la tenían de esa
manera. Más, yo no sé.
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