económico y financiero con pérdidas de más de $2 millones mensuales, producto de las
gestiones que tuvo.
A pesar de ello, tenía un gran potencial ya que en su calidad de línea aérea de bandera,
podía usufructuar preferentemente las rutas obtenidas por el país en diversos Convenios
Bilaterales. Ante esta difícil situación, en el marco de las normas legales para la promoción de
la inversión privada, la salida más razonable era la liquidación de la Empresa, la venta de los
activos por parte del Estado y la licitación para concesionar las rutas. Así lo recomendaban
diversos especialistas. No fue esa la decisión adoptada. Por el contrario, se optó por una venta
apresurada de la empresa en medio de un proceso en el cual diversos funcionarios de la COPRI,
el CEPRI AEROPERU y la Corporación Nacional de Desarrollo – CONADE, cometieron
innumerables irregularidades.
Determinación del Precio Base y la venta
En 1992, la Consultora Hansem & Holm determinó que el valor aproximado de la
Empresa estaba entre los 45 y 55 millones de dólares. Los activos físicos estaba valorizados en
$ 25 millones de dólares y las rutas valían entre 20 y 30 millones de dólares. El precio base
fijado por la COPRI y la CEPRI para la primera subasta en diciembre de 1992, fue de casi la
mitad: 27 millones y medio de dólares. El precio estaba tan mal calculado, que tuvo que ser
reajustado para la segunda subasta en enero de 1993 a 41 millones de dólares. Y la empresa se
vendió sin tener siquiera en orden los Balances contables, los cuales recién se entregaron cuatro
años después, en 1996. Las personas que dirigieron este proceso fueron, entre otros, el
Contralmirante AP (r) Dante Matellini Burga, presidente del Cepri, y el Sr. Carlos Montoya
Macedo, Director Ejecutivo de la COPRI, funcionario pagado por el Banco Mundial para
dirigir las privatizaciones en el Perú .
Estos funcionarios se habrían coludido con los nuevos operadores privados: el
Consorcio Aerovías de México para modificar ilegalmente las condiciones del Contrato de
Venta después de realizada la subasta, para que el Estado asumiera cualquier obligación o
contingencia que pudiera aparecer en los 5 años siguientes. En este caso, las bases señalaban
sólo las deudas tributarias y por un plazo de 4 años. El contrato fue firmado por representante
de CONADE , Francisco Acosta Sánchez, quien también fue miembro del Tribunal
Constitucional. Cuando en 1996, se realizó el ajuste del precio, se “olvidaron” de cobrar a los
accionistas privados más de un millón y medio de dólares por diversos conceptos, e incluyeron
como gastos de la empresa privatizada otra suma similar. Conclusión: terminaron perjudicando
al Estado en más de tres millones de dólares.
Una de las personas que participó activamente en el proceso fue el Sr. Roberto Abusada
Salah quien, actuó como postor en la privatización de AEROPERU,en la primera apertura de
ofertas, representando a Aeroméxico, y volvió a hacerlo al inicio de la segunda oferta mientras
era Asesor del Ministro de Economía, Jorge Camet D. Años después, ya como Presidente del
Directorio de AEROPERU, en 1996, en complicidad con los funcionarios de CONADE, realizó
una capitalización fraudulenta por más de 70 millones de soles; con el único propósito de
aumentar artificialmente el patrimonio de la empresa que estaba siendo irregularmente
manejada a favor de los operadores privados.
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