este mecanismo fue revertido sino que se consolidó y continua operando. Así, entre
la alta burocracia de los noventa predominó el concepto que el Estado debería
reducirse a su mínima expresión y una comprensión de su propio papel como los
agentes encargados de comprimirlo sustantivamente.
6- Este mecanismo de pago que divide la burocracia en dos conforma un Estado
escindido entre servidores públicos de dos niveles. Por un lado, se hallan
funcionarios internacionales, quienes laboran en forma paralela a funcionarios
pagados por la planilla regular. Así, la organización de su propio personal muestra un
Estado escindido entre los servidores “internacionales” y los “burócratas comunes y
corrientes”. En ese sentido, las transformaciones del sistema de pago de los altos
funcionarios fueron en sentido negativo facilitando su irresponsabilidad con la
propiedad pública. En el caso de CONADE, OIOE Y FONAFE, tenedores de las
acciones del Estado en las empresas que serian privatizadas o que ya lo habían sido,
la actitud de pasividad y de irresponsabilidad ha aparecido como una constante en los
casos estudiados. Un ejemplo de esta conducta involucra a un ex integrante del
Tribunal Constitucional, Dr. Francisco Acosta Sánchez, quien permitió la
administración fraudulenta cuando era miembro del directorio de AeroPerú, en vez
de cumplir con sus obligaciones como representante del Estado. La obediencia
debida al superior jerárquico es un rasgo de la pasividad con la que los representantes
de alto nivel del Estado actuaron durante los noventa.
7- La reducción del rol del Estado en la economía tuvo un paso importante con la
privatización de las empresas públicas Hierro Perú y Aeroperú, que representaban
una importante carga financiera para el Estado. Luego, en el año 1993, la entrada de
Jorge Camet al MEF priorizó la entrega de beneficios extraordinarios a algunos
grupos económicos vinculados al régimen, en desmedro de las reformas de segunda
generación que básicamente debían emprenderse en la SUNAT y en la conformación
de los principales órganos de regulación que deberían nacer a la par de la
privatización. Las reformas de segunda generación eran parte importante del modelo
ortodoxo, pues debían garantizar su sostenibilidad en el largo plazo y no se
realizaron.
8- La incoherencia en la aplicación de las reformas queda evidente cuando el Estado no
contó con ingresos suficientes para hacer frente a servicios de deuda externa que
registraba un calendario más exigente a partir de 1997. Esa carencia de recursos era
fruto de la falta de voluntad para llevar adelante las reformas de segunda generación,
sobre todo las que se debía llevar a cabo en la SUNAT, para que la recaudación
interna sea el sustento de la política económica gubernamental. Al no contar con
ingresos corrientes hizo uso de recursos extraordinarios. Así, el Estado comenzó a
hacer uso indiscriminado de los ingresos provenientes de la privatización para honrar
el servicio de la deuda externa, aparte del enriquecimiento ilícito.
9- Los años de apogeo económico de la economía peruana fueron a mitad de década,
cuando el Producto Bruto Interno creció aproximadamente 12%; adicionalmente, en
este mismo momento, se recibieron créditos del Banco Mundial por más de
US$1,200 millones. La expansión del gasto fiscal utilizando los recursos
provenientes de las privatizaciones y de los créditos internacionales fueron utilizados
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