abundantes razón de nuestro subdesarrollo, y como acostumbraba en esa época Fujimori tomaba
notas de los temas, y el último tema que toqué fue el tema Boloña, y cuando terminé de exponer,
no recuerdo los otros puntos de la agenda pero sería el tema de Confiep. Me dijo que me iba a
responder, él había tomado notas. Me contestó que no había porqué preocuparse, que él podía
conseguir gentes capaces, me dio el nombre de una doctora, que no recuerdo el nombre, pero que
fue Contralora, y varios nombres más que él pensaba. Y cuando llegó al último punto de lo que
yo había tocado me dijo ha hecho usted muy bien en tocar el última tema, que es el tema del
señor Boloña, porque el señor Boloña ha acondicionado su reingreso, no sólo a la salida de dos
ministros sino al ingreso de usted como Ministro de Industrias.
El Ministerio de Industrias es una especie de antesala del Ministerio de Economía.
El señor PRESIDENTE.— Disculpe que lo interrumpa, ingeniero.
No sé si quiere servirse una agua mineral, un café (2).
El congresista Mena Melgarejo también se ha hecho presente en la sesión.
El señor CAMET DICKMANN.— Bueno, ante la sorprendente declaración de un
condicionante de Boloña, que yo no conocía, y que Boloña no me lo había expresado a pesar de
haberme reunido con él esa mañana, se me escapó un improperio, por el cual tuve que pedir
disculpas. Y le expliqué al Presidente por qué se me había escapado el improperio, porque
consideraba una deslealtad en corrección de Boloña estar yo en la mañana y no explicarme él las
razones que sí le había dado el Presidente, las condiciones que le había indicado al Presidente.
Bueno, le expliqué al Presidente con mi excusas el por qué se me había escapado ese improperio
y le dije que terminada esa reunión con él yo iba a la casa de Boloña para que me escuchara lo
que le correspondía recibir de mí.
Me dijo, que no lo haga, porque él se lo había prohibido, que me diga Boloña esa condicionante.
Y le dije al Presidente que disculpara pero que había condicionantes que no se podían aceptar,
que en este caso estaba mal Boloña.
Bueno, respecto al ofrecimiento al cargo, le manifesté que yo era un ingeniero civil, constructor,
que esa era mi experiencia, que yo no era empresario industrial y que en consecuencia no estaba
capacitado para el cargo. Y él me respondió y que yo le propondría 3 nombres si él lo deseaba de
gente preparada y con experiencia en la materia. Él contestó que había pedido antecedentes míos
y que, insistió, y yo le dije que no, que me diera un par de días que yo le daría 3 nombres.
Al despedirme me dijo que cuándo nos podríamos volver a ver —o sea, yo no le acepté— le dije
usted es el Presidente de la República, cuando usted indique. Entonces me dijo que si podíamos
vernos a las 11 de la noche, eran las 7 de la noche que yo había terminado mi reunión con él. Le
dije, pero, oiga, en 4 horas yo no le voy a recomendar nada. Pero hágame el favor, señor Camet,
de venir al Pentágono, a las 11 de la noche. El Presidente de la República, bueno, está bien, señor
Presidente, pero no ha dado usted tiempo a que yo no le voy a llevar ningún nombre.
Cuando yo entregaba al Pentágono manejando mi carrito por delante exactamente justo entraba
Boloña, que había estado enfermo, y que yo le había dicho al Presidente, porque me dijo que iba
asistir Boloña, y yo le dije que Boloña estaba muy enfermo, yo lo había visto en cama. Dudaba
que no iba a poder asistir. Me dijo verá usted que asiste.
Bueno, justo coincidía con que entraba Boloña y sus carros de custodia y yo manejando mi
carrito. No lo pude insultar como quería porque había un coronel ahí que nos recibió. Y Boloña
se sonreía como costumbre, porque Boloña se sonríe o porque le causa gracia o porque está
nerviosa. Es la misma cara y la misma sonrisa.
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