Caso Lay en defensa de su gestión, en el sentido que los municipios merecían ser
fiscalizados con severidad. Este parecer se ve reforzado por la realización de
esfuerzos de capacitación y entrenamiento de autoridades locales en el buen uso
de los procedimientos administrativos del estado. En este sentido, cabe consignar
que en los siete años de conducción de Caso Lay, la CGR desarrolló 44 cursos de
entrenamiento para autoridades locales. De este modo, la evaluación del trabajo
de la CGR en los municipios no es completamente negativa, puesto que también
se encuentran acciones que han propendido a generar un ambiente más sano
para la conducción administrativa ordenada y el buen gobierno.
Por otro lado, merece una especial consideración la evaluación del trabajo de la
CGR sobre el programa del vaso de leche que se distribuye a los niños a través de
las municipalidades. En este caso se encuentra también una impresionante
concentración de actividades en el seguimiento de este programa, al grado que en
el año 1998 la CGR analizó los reportes del 80% de las rendiciones de cuentas
efectuadas por cada uno de los 1,800 municipios distritales. Esta sobre
concentración de recursos de la CGR en programas con escasa trascendencia
económica tiene menor justificación. En efecto, si los municipios controlan un
presupuesto anual aproximado de cuatrocientos millones de US$, de un total
presupuestal nacional de unos diez mil millones de US$, el programa del vaso de
leche gasta cantidades ínfimas que apenas alcanzan a 80,000 US$ anuales. Es
decir, las cifras son tan reducidas que es imposible encontrar lógica al proceder de
la CGR bajo la gestión de Caso Lay. Aunque es cierto también que debido al
involucramiento de organizaciones civiles en el programa del vaso de leche es
preciso implementar una cultura del cumplimiento y la honradez a la que debe
contribuir la CGR. El problema principal es que estas acciones ocuparon el escaso
personal especializado mientras que en forma paralela se descuidó áreas claves
que fueron objeto de gigantescos actos de corrupción.
Así, se halla que entre 1995 y el 2000, ninguna de las acciones de Contraloría
estuvo orientada ni a la privatización propiamente, ni a Defensa, ni al Servicio de
Inteligencia; de modo que entre las 451 auditorias (iniciadas y no culminadas), no
existe un informe pendiente sobre estos temas. Recién a partir del año 2001. la
CGR ha entrado a controlar a las Fuerzas Armadas y al Servicio de Inteligencia
Nacional, cuyos informes han sido remitidos al Congreso.
De tal forma que las adquisiciones del sector Defensa por ejemplo fueron muy
elevadas durante la década fujimorista y pasaron inadvertidas para la CGR. No
obstante, hoy sabemos que en este rubro se gastó nada menos que US$ 1,800
millones, habiendo generado espectaculares sobornos tanto para Vladimiro
Montesinos como para el resto de la cúpula militar. Es importante advertir que la
base legal para controlar estaba presente y que no había sido modificada en este
punto. En efecto, el artículo 19 de la ley de control 26162 establece la
direccionamiento para no hacer acciones de control en los CTARs provino del despacho de la máxima
autoridad.
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