palabras que él usó, no usuales, porque nunca elogiaba. “Y necesito que me rebaje el precio que ha aprobado la Fuerza Aérea y los institutos armados”. Habían recibido, por lo que después me mostraron, ofertas de Moldavia, de Ucrania que se retractó por presión americana, y no sé qué otro lado, y de Rusia. Pero no podían comprar aviones nuevos, porque los Mirage los entregaban a 2 años. Estoy repitiendo lo que me cuentan a mi. De Rusia no, porque veto americano y veto ruso; con Yeltsin tenían buenas relaciones los americanos. Entonces, habían agarrado un satélite por ahí. Dentro de las ofertas que tuvieron, eligieron este. Hicieron sus estudios tecnico-económicos que no tengo idea cómo se hacen. “Usted es un excelente negociador, necesito que me rebaje usted el precio”. “Yo, oiga, pero qué sé de aviones, qué voy a hacer”. “No, no. Usted discuta y rebájeme, consígame que reduzcan el precio”. “Está bien, pero yo no sé de nada”. “No pues, el general Magni lo va a acompañar. Cualquier aspecto técnico, el señor está al pie. Usted en la cabeza de la delegación, usted discute precios y se tiene algún problema lo llama por teléfono, que venga a su cuarto o donde usted esté negociando y que el señor vea el (19) aspecto técnico”. “Muy bien”. Discutimos, me recibió el Ministro de Guerra ruso, y 10 de la mañana o algo así al estilo de los países del área moscovita, después brindamos a las 10 y media con vodka que no estoy acostumbrado a esa hora, porque se iniciaban las relaciones comerciales de nuestro país, que no las tenía. Esas flores que se tiran las autoridades cuando se encuentran. Me dijo: “tenemos 3 empresas comercializadoras; según el caso, nuestro Consejo de Defensa que es la que autoriza la venta de armamento que está constituido por el Presidente, Ministro de Economía”, me dio todos los componentes, define cuál de las 3 utiliza y autoriza además la venta. Nosotros tenemos acá una base muy buena con talleres excelentes. Los rusos habían diseminado sus bases para que no agarrar sus 10 mil aviones juntos. “Y el señor, me mostró un hombre que estaba a su derecha, es el encargado de comercializar y encargarse de la venta con nosotros en este caso”. Flores van, flores vienen, pequeños brindis y “hasta luego”, el señor me llevó a mi hotel y quedamos que en la tarde —o me llevó a almorzar, yo no me acuerdo esas cosas tan lejanas— iniciar las conversaciones. Para mí era rebajar precios y para ellos que no les rebaje. Había 2 bichos raros junto con este designado por el Ministro de Guerra ruso y yo ni pregunté quiénes eran, porque no me interesaba; podían ser funcionarios, empleados de él. Pero cada vez que yo pedía un descuento se iban a conferenciar 20 minutos entre los 3 y regresaban, yo me quedaba solo y Magni me estaba esperando en el otro cuarto por si yo lo necesitaba. Y así me tuvieron 3 horas o 4, y había yo llegado a 3 ó 4% por lo cual yo ya estaba chispas indignado pues. Te imaginas lo que es someterte a que hablas 5 minutos y yo digo que no, que muy poco, que no sé cuántos. “déjenos ver, nosotros tenemos que darle un precio también al gobierno bielorruso”. Todos esos cuentos, el tira y afloja de una negociación. Me enojé mucho y exploté, porque estaba cansado. Y dije: “señores”, ultimátum, primero no, hay un hecho todavía. Al señor designado por el Ministro de Guerra le dije: “quiero ir a su oficina” —porque este era una sala— “y hablar con usted. Sabe qué, no soporto a los que tiene usted alrededor y usted es el que más soporto y quiero que sepa usted una cosa: o me da 11%” —¿porque dije 11?, porque se me ocurrió— “o no compro y me voy y usted sabe que mi vuelo es mañana a las 12 del día. “Imposible, que no sé cuanto”. Habíamos llegado a 3 ó 4%. “Bueno, lo siento mucho. Déjeme en mi hotel, por favor, y no vuelva usted a traer a los tipos estos, porque son de los más antipáticos”. Uno había resultado ser Moshe Roschild que después lo supe y otro había sido un intermediario dentro del designado por el gobierno bielorruso que a su vez contrataba a Moshe Roschild para que sea el agente aquí quien corrompía generales o lo que fuese. No me acuerdo el nombre de ese, ni lo vi nunca más que aquella vez. Pero ese es el que después me manda una carta diciendo que me va a demandar por 50 millones de dólares y no sé cuantos, y creo que te -53-

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