Prólogo 29 contrastando y cruzando información de origen cuantitativo y cualitativo; y al mismo tiempo perfeccionar su estilo de escritura. Gracias a sus estudios podemos pensar por qué los peruanos tendemos a responsabilizar a otros de nuestro destino, por qué toleramos la cultura de intimidación que crea la corrupción, por qué existe un patrón a mirar el corto plazo y embriagarnos por algunos de los escándalos que compiten por nuestra atención en lugar de mirar al desarrollo en el largo plazo, y sobre la importancia de comprendernos reflejados en otras sociedades, aparentemente distintas como la cubana. Por último, su vida profesional y personal fue una imperiosa lección de vitalidad, de disfrutar de lo que hacemos. De pensar que el día tiene menos horas de las que podemos disfrutar. Sus amigos, sus colegas, sus estudiantes vamos a extrañarlo, con seguridad. Únicamente nos queda leer y estudiar sus publicaciones, indispensables —y disculpen que rompa la promesa inicial de este texto de no hacer ningún comentario personal—; pero creo que solo nos queda tratar de parecernos a él. Hace poco, cuando enfrentaba con valor el mal que lo aquejaba, tuve el privilegio de confesarle que siempre había querido ser como él y de decirle que lo quería. Río de Janeiro, febrero de 2013

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