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Alfonso W. Quiroz
imparciales o produjeron la misma calidad de información, sus juicios y opiniones plasmados en sus informes deben ser cuidadosamente considerados.8
Otro argumento enfatiza que la corrupción solamente puede estudiarse
a través de la detección de las percepciones que el público tiene sobre ella, en
lugar de hacerlo en base a evidencias directas. El estudio de las percepciones
de la corrupción es una herramienta útil, aunque indirecta.9 Se la utiliza profusamente en la elaboración de índices internacionales contemporáneos de corrupción y en estudios económicos de niveles comparativos de corrupción. Los
historiadores económicos también han cuantificado la frecuencia del uso de
palabras tales como “corrupción” y “fraude” a lo largo del tiempo, usando las
nuevas colecciones digitales de periódicos históricos.10 Sin embargo, las percepciones son altamente impresionables y frecuentemente manipuladas. A pesar de
la escasez de series estadísticas de valor estándar y de largo plazo acerca de los
costos de la corrupción, los historiadores no tienen que depender exclusivamente de las percepciones para medir o estimar sus niveles históricos y reales en distintas épocas. El uso de cálculos de muestras y estimados bien fundados puede
ofrecernos aproximaciones confiables a los niveles de corrupción concretos.11
Asimismo, los historiadores extremadamente cautelosos afirman que el estudio de la corrupción se encuentra sujeto al relativismo. Sostienen que lo que
8. Sobre la base de la experiencia de investigación, los informantes diplomáticos malos o
mediocres son generalmente demasiado flojos como para escribir informes, y, cuando lo
hacen, su falta de preparación y sus superficiales análisis resultan evidentes. En cambio, los
observadores extranjeros competentes y educados redactan comunicaciones extensas, bien
informadas e investigadas.
9. Para unas cuidadosas reflexiones metodológicas sobre las evidencias históricas disponibles
acerca de los cambiantes sistemas administrativos estatales y sus funcionarios, en vías de
evaluar si un periodo histórico particular es más corrupto que otro, véase Hurstfield, Joel.
Freedom, Corruption, and Government in Elizabethan England. Londres: Jonathan Cape, 1973,
cap. 5. Un enfoque indirecto que analiza la percepción pública y el discurso «oficial» de la
corrupción puede encontrarse en Levy Peck, Linda. Court Patronage and Corruption in Early
Stuart England. Boston: Unwin Hyman, 1990, pp. 5-11.
10. Glaeser, Edward y Claudia Goldin. «Corruption and Reform: Introduction». En su edición Corruption and Reform: Lessons from America’s Economic History. Chicago: University of
Chicago Press, 2006, pp. 3-22, esp. 12-18.
11. Sampford, Charles et ál. (eds.). Measuring Corruption. Aldershot, Hampshire, Inglaterra:
Ashgate, 2006; Tella, Rafael di y William Savedoff. «Shining Light in Dark Corners». En
su edición Diagnosis Corruption: Fraud in Latin America’s Public Hospitals. Washington, D. C.:
Banco Interamericano de Desarrollo, 2001, pp. 9-12.
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