acciones específicas, como parte de la gran estrategia anticorrupción que el Estado está
obligado a implementar.
El peligro de la captura del Estado
La corrupción en las compras y obras públicas de los tres niveles de gobierno; la
predisposición a aceptar que los politicos roben, siempre y cuando hagan obras, y la
participación de integrantes de instituciones fundamentales en bandas criminales, entre
otras tendencias, están creando condiciones para que desaparezca la sutil linea que separa
la corrupción que proviene del dinero obtenido formalmente de aquella que procede de la
economía ilegal.
Al horadar los sistemas de control del Estado, la corrupción que se alimenta del dinero
obtenido formalmente da paso al que proviene de la economía ilegal. El dinero embolsicado
se mimetiza en el destinatario final: el funcionario o el político corrupto. Por eso, hoy está
abierta la posibilidad de que el Estado sea capturado indirectamente por organizaciones
criminales que filtran dinero del narcotráfico, la tala ilegal, la minería ilegal y el contrabando.
Estamos a tiempo de evitar este desenlace.
El protagonismo de los poderes politicos
Si el Perú no tiene éxito en su lucha contra los corruptos, el futuro será más injusto y
violento. ¿Cómo vencerlos? Para empezar, con la voluntad politica clara y sostenida de
nuestras máximas autoridades estatales.
No hay manera de cambiar la situación, ni la tendencia anunciada, si el poder politico no
asume el liderazgo que le corresponde; peor aún si es complaciente y no toma iniciativas
para cortar de raíz el ingreso de dinero ilegal a la politica. Las autoridades politicas, por ser
los principales tomadores de decisión, tienen una responsabilidad central y un papel
insustituible.
La lucha es compleja y prolongada, porque hay que alterar el comportamiento de personas y
modificar la inercia de instituciones. Tampoco será la primera vez que se intente: en los
últimos quince años hubo acciones bien intencionadas, pero con resultados muy
insuficientes. Los esfuerzos han carecido del vigor necesario para establecer y aplicar una
politica de Estado; esto es, para organizar un conjunto consensuado de normas que vayan
más allá de tal o cual gobierno. Es crucial la continuidad del esfuerzo, tanto como la
voluntad, para luchar contra los corruptos.
Quebrar la tradición complaciente
El Perú tiene una larga historia de corrupción, aunque también de lucha contra ella. Los
estudiosos consideran que el uso y aprovechamiento del poder público con fines de
enriquecimiento personal se ancla en la Colonia y ha sobrevivido, con incrementos y
descensos, durante los casi doscientos años de vida republicana.
Durante la segunda mitad de la década de los noventa, la corrupción adquirió un carácter
sistémico: desde el centro del poder del Estado se organizó y centralizó una red nacional de
corrupción. Ahora, la novedad de estos últimos quince años es que la corrupción se ha
difuminado y descentralizado.
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