Que a ello se añaden sus cualidades personales é intelectuales que le hacen merecedor del reconocimiento de la comunidad nacional é internacional. Que siendo imperativa dentro de la tradición y doctrina de la Justicia Militar reconocer y relievar a quienes con sus obras dejan testimonio del cumplimiento de su misión. Y estando a lo dispuesto en el artículo 12.° de la Ley Orgánica de Justicia Militar acordaron otorgar al señor Vladimiro Montesinos Torres la Insignia de la Justicia Militar como expresión de reconocimiento a su labor cumplida en aras de la justicia militar y por ende de la pacificación nacional.” ¿O sea, que este texto es el que aprueban los integrantes del Consejo Supremo de Justicia Militar? EL SEÑOR MERINO BARTET.— Jalado de los pelos por cierto ¿no? LA SEÑORA PRESIDENTA.— ¿Y esto, señor Merino, el señor Montesinos se detuvo en darle la lista de méritos que él tenía o usted los ideó? EL SEÑOR MERINO BARTET.— Simplemente había que vestirlo improvisando una serie de cosas ¿no? LA SEÑORA PRESIDENTA.— Y elaborando algunas cosas que no eran reales. EL SEÑOR MERINO BARTET.— Igual era para las condecoraciones que le daban al Presidente Fujimori en los primeros años de su gobierno. LA SEÑORA PRESIDENTA.— ¿Qué le daban los militares a Fujimori? EL SEÑOR MERINO BARTET.— Sí, sí, sí. LA SEÑORA PRESIDENTA.— Ajá. “15 de agosto de 1997”, y esto es justamente, el 15 de agosto ya se había producido la denuncia sobre sus ingresos, ya se había producido la denuncia sobre el caso de Leonor La Rosa, de Mariela Barreto; es decir, uno de los peores años demostrativos de las acciones que dirigía Montesinos. EL SEÑOR MERINO BARTET.— Lo que es una ironía ¿no? LA SEÑORA PRESIDENTA.— Era también no solamente que Montesinos quisiera tener esta distinción sino una forma de sujeción, de demostrar que el Consejo Supremo de Justicia Militar le daba refuerzo. EL SEÑOR MERINO BARTET.— No era necesario, lo que pasa es que le gustaba coleccionar ese tipo de preseas. LA SEÑORA PRESIDENTA.— O sea, que en realidad no era necesario confirmar que el Consejo Supremo le obedecía. EL SEÑOR MERINO BARTET.— Lógico. LA SEÑORA PRESIDENTA.— Dígame, ¿le gustaba entonces las insignias? EL SEÑOR MERINO BARTET.— Sí, porque entendido que todos los institutos militares lo condecoraron. LA SEÑORA PRESIDENTA.— ¿A todos los institutos les pidió él, esto? -38-

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