La señora PRESIDENTA.— Cuando usted fue el sábado, ¿le dieron algún informe médico de
qué es lo que tenía?
Esa noche, ¿había algún médico de guardia?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— Me imagino, sí.
La señora PRESIDENTA.— Pero cuando usted ha llegado más de las 11 de la noche, ha
pedido entrar, había una enfermera, ¿quién la recibió?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— Nadie, yo entré nomás. Como yo había ido en la
tarde yo supe que tenía que ponerme un protector para los zapatos, me puse un mandil y entré,
nadie me negó nada.
La señora PRESIDENTA.— Pero, ¿había personal médico alrededor? ¿Había enfermeras?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— Sí, sí vi.
La señora PRESIDENTA.— ¿La señora Susana se había estado quejando? ¿Había pedido
algo?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— No.
La señora PRESIDENTA.— Bueno, cuando usted llegó estaba ella echada.
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— Sí, echada, estaba amarrada, fuertemente
amarrada.
La señora PRESIDENTA.— Y cuando usted la desamarra, todo esto, ¿no hay nadie, ni un
médico?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— Nadie.
La señora PRESIDENTA.— Después de esto, ¿usted que hace?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— Nada, acompañarla nada más, buscar ahí un
silloncito y me he quedado acompañándola toda la noche, porque ella tenía miedo.
Yo me quedé ahí hasta el día siguiente, me habré retirado a las 9 de la mañana que vino su
asistente, entonces, pedí el relevo y le digo: "Me voy a casa porque tengo que asearme, tengo que
tomar desayuno".
La señora PRESIDENTA.— Cuando se va usted, ¿tampoco se le acerca a la dirección o algún
lado?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— Nada, nada.
La señora PRESIDENTA.— ¿Por qué? ¿Usted tenía algún temor de preguntar?
La señora HIGUCHI MIYAGAWA, Celsa.— La verdad es que eran otras épocas ¿no?
La señora PRESIDENTA.— Por eso digo, sintió usted temor de acercarse a algún médico ahí o
a cualquier persona, por lo que vemos.
¿Qué le contó la señora Susana en ese momento? Estoy amarrada, me han hecho algo.
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