El señor PRESIDENTE.— ¿Dónde lo guardaba?
La señora ARCE GUERRERO.— En el closet, en los closets.
El señor PRESIDENTE.— Entonces, sabe qué, no la entiendo, una persona que ya está
haciendo una función ya un poco más íntima de guardar en un closet, porque Vladimiro
Montesinos dormía ahí, usted tenía, por lo tanto acceso a un dormitorio de Vladimiro
Montesinos, le guardaba los ternos, le guardaba las camisas, se encargaba de la comida ¡y no
sabe nada!
La señora ARCE GUERRERO.— La verdad que me siento mal por lo que usted me dice,
pero...
El señor PRESIDENTE.— Y quiero hacerle otra pregunta.
Usted recuerda cuando se presentó Vladimiro Montesinos con el ex Presidente Fujimori en la
televisión, los dos siameses, igualitos, ¿cómo hizo usted para diferenciar las tallas de los ternos y
las camisas y las corbatas que eran exactamente igual? Podría usted explicarnos.
La señora ARCE GUERRERO.— Las corbatas no eran iguales, parecidas pero no eran
iguales.
El señor PRESIDENTE.— Se vieron iguales.
La señora ARCE GUERRERO.— Exactamente, usted lo ha dicho, se veían iguales.
Además, yo no vestía al Presidente, el Presidente fue vestido así. Que hubo la coincidencia,
porque creo que el mismo sastre que tenía el doctor lo tenía el Presidente es una cosa, pero yo no
lo vestí. Es más, por eso le decía a ustedes, la confiabilidad al decirme usted, no sé, la verdad es
que no entiendo su punto de vista en cuanto a lo que yo le digo.
El señor PRESIDENTE.— No, mi punto de vista está clarísimo.
La señora ARCE GUERRERO.— A mí me parece que no, porque usted está tomando las
cosas en otro sentido.
El señor PRESIDENTE.— Perdóneme, ¿en qué sentido? Explíqueme usted.
La señora ARCE GUERRERO.— Es que yo no hacía, pero que sí sabía lo de la ropa y que a
eso hay un grado de confiabilidad o de confianza, pero de cosas domésticas podría decir. No de
otras cosas a las que usted me dice que no sé nada.
Efectivamente, en cosas domésticas.
El señor PRESIDENTE.— Pero cómo una persona que puede tener tanto acceso a la vida ya
privada, porque esto es parte de la vida privada, cómo después dice que no. En realidad, usted no
sabe nada. O sea, a eso me estoy refiriendo.
La señora ARCE GUERRERO.— Me refiero, la vida privada es en cuanto a la ropa.
Ahora, yo no creo que de repente a mi empleada, la de mi casa, la que me ve mi ropa, la que me
ve mi comida, le tengo que ir a contar ciertas cosas. Hay cosas que yo no le puedo contar.
No me considero tampoco, no me he considerado una empleada doméstica, a eso me refiero, ni
tampoco ofendo a la empleada doméstica, pero creo que ahí hay que cosas que...
El señor PRESIDENTE.— Acá nadie está diciendo que usted ha sido empleada doméstica.
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