funciones muy eficientes. Bueno, y así se habló de temas, y la tasa de interés, el crecimiento, que la
reinserción, hablaban y hablaban temas y ya yo metía la cuchara, me involucré en la conversación hasta
las 3 de la mañana. A las 3 de la mañana, bueno, de vez en cuando cada cierto tiempo hacían presión,
pero déjese de cosas ingeniero y acepte, no queremos ternas, queremos a usted. A las 3 de la mañana ya
dije: Bueno, ya, está bien, acepto.
Ese es la historia Javier que me has pedido, te lo he contado con detalle.
El señor PRESIDENTE.— En este proceso interviene alguna manera Montesinos o no, en ese momento.
El señor CAMET DICKMAN.— En absoluto.
El señor PRESIDENTE.— Era marginal, digamos, a la discusión de estos temas.
El señor CAMET DICKMAN.— Mira, en mi opinión, Montesinos va ganando poder, poder, se vuelve
más necesario para Fujimori, por lo menos así creo que lo ha sentido Fujimori, y llega un momento que
Fujimori queda en las manos de Montesinos, es una impresión y opinión mía y creo que es así.
Y cuando yo me voy, porque yo soy ido no renunciado, porque era el estorbo de Montesinos, el último
que quedaba como estorbo, se fregó Fujimori.
El señor PRESIDENTE.— ¿Usted cuándo lo conoce a Montesinos?
El señor CAMET DICKMAN.— En algún momento, en alguna reunión del Consejo de Defensa, que no
tenía reuniones regulares, tenía reuniones cuando las papas quemaron y tuvimos el conflicto con el
Ecuador. Ahí sí se acordaron que el Ministro de Economía por ley es también integrante igual que el
canciller y el primer ministro del Consejo de Defensa.
Me citaron un sábado por primera vez y ahí lo veo a Montesinos por primera vez —ya estábamos en
conflicto— al Pentágono. El Presidente estaba sentado presidiendo la reunión en el escritorio de Nicolás
de Bari, en el despacho de éste, estaban los generales, los miembros del Consejo de Defensa. Me
mandaron a traer de la playa porque era un sábado, el edecán llamó, 10, 11 de la noche, habré llegado y el
Presidente me recibió diciendo: Usted no sabía que era miembro del Consejo de Defensa. Sí, yo sabía,
siempre me sorprendió que nunca me invitaron, pero no tengo mayor interés.
Ese es la primera vez que veo a Montesinos, están sentados los que son miembros, el Presidente como tú
en un escritorio, y allá en un sofá solito Montesinos sin hablar. Porque ese loro que ustedes ven en los
vídeos, es un loro, todo el tiempo habla. Ese loro en esas reuniones era el mudo, si quiere que yo llegue a
conclusiones, es que ese mudo ya se había trabajado a sus sirvientes comandantes generales
permanentemente. Son conclusiones e impresiones.
El señor PRESIDENTE.— ¿Usted tenía un rol central en las negociaciones de deuda externa?
El señor CAMET DICKMAN.— Sí, claro.
El señor PRESIDENTE.— En este tema de la deuda, ¿qué personas participaron en las negociaciones
del Club de París el año 93 y cuáles considera usted que son los logros más saltantes? El Club de París del
año 93.
El señor CAMET DICKMAN.— El Club de París 93 y sucesivas negociaciones y reuniones.
Yo encontré un pequeño grupo, que además de la Dirección General de Crédito Público se llamaba la
Oficina de la Deuda, la cabeza de ése era Eduardo Valdivia Velarde y su ayudante principal Humberto
Gobich. Esos suplían, me imagino que lo instauró Boloña, no lo sé, yo lo encontré, suplían un poco la
mediocridad del Director General de Crédito Público.
También encontré como Secretario Ejecutivo del Comité de la Deuda a Eduardo Valdivia Velásquez, y lo
conservé. Él era el principal.
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