El señor RAMOS VIERA.— O sea, nos hablaba corno tarados, idiotas, ineptos, no sirven para
nada ustedes, ustedes son como una mosca que yo ahorita los destruyo, así.
Entonces, había el temor ¿no? y yo corno oficial, si yo veía a mi Comandante General ahí,
entonces yo, yo incluso le contaba al Coronel Guzmán, le digo, oye le digo, porque le cuento que
a mi me castigó en 2 oportunidades, estuve castigado, bueno, en el cuarto, un cuarto ¿no? que me
dijo ya, me acuerdo que llegué tarde porque yo vivía por la Villa Militar de Pueblo Libre y me
voy por la playa y, bueno, un tráfico y no podía salir, entonces llamé, oye, por si acaso, a Ruiz
no?. vov a demorar.
Entonces el doctor llegó y llegó molesto no sé que había pasado, algo había salido en los
periódicos, no me acuerdo y llegó molesto y preguntó por mí, ¿dónde está el oficial? No que ha
habido un problema. Y se comenzó a molestar.
Bueno, llegué a la media hora, más o menos, me acuerdo que estaba yo parado en el umbral de la
puerta, el doctor estaba sentado en el escritorio justo donde yo me sentaba; estaba hablando por
teléfono, me acuerdo, y después termina y dice, ya llegó el otro huevón, dónde has estado
disculpen la palabra-- le digo, doctor acá estoy y me llamó la atención, me gritó, oiga usted que
se ha creído. Doctor, yo he llamado acá diciendo que voy a llegar tarde porque había un tráfico.
Pero carajo, usted sabe que estoy trabajando, yo no soy ningún idiota. Sí, doctor, y me acuerdo
porque yo me acuerdo que me fui de boca con el doctor y me detuvo el doctor Huertas, porque el
doctor me dice, oiga usted que se ha creído. Me insultó pues ¿no? Yo le digo, doctor yo no he
cometido ese error, usted por qué me llama la atención. Oiga que usted está hablando con el
doctor Montesinos y usted sabe quién soy yo. Yo sé quién es usted, doctor, pero no me trate así.
Y me agarró el doctor Huertas me miró y me detuvo, me dijo como que me calmara ¿no'?
entonces, yo también, bueno, miré y me calmé un poco ¿no? porque ya llegaba a un extremo de
que a veces por la impotencia de uno, sé que si me llamaba otra vez la atención yo iba a explotar
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Y soportábamos la llamada de atención ¿no? incluso a la señora Maruja, la insultaba delante de
nosotros, la trataba de, no sé si puedo decir la palabra ¿no?, de vieja, como que ya no servía para
nada y la señora se ponía a llorar y se encerraba en el baño y estaba allí horas, se iba a almorzar y
regresaba.
Y así trataba ¿no?. No sé yo cómo él será, por el trabajo, por lo mismo que es así lo entendíamos
¿no? por los problemas que él tenia ¿no? pero nosotros, bueno, quizás corno militares nos
asustaba pero lo aguantábamos ¿no? porque yo en la vida militar he pasado peores cosas y una
palabra que el me diga ¿no?, una madre o una lisura no era nada pues ¿no? pero ya yo pienso que
si me ponía la mano yo ya no iba a aceptar eso de ninguna manera, él podría insultarme, todo lo
que quiera pero nunca ponerme la mano; y, bueno, nunca le he visto que le haya puesto la mano
a un oficial tampoco, ni de la Policía, nada; si he visto de suboficiales ¿no? que les ha puesto la
mano.
El señor PRESIDENTE.— Y dígame capitán: ¿Usted conocía o escuchó rumor o algo así, que
entiendo que era muy dificil que también conversen con los demás trabajadores del SIN no?
¿Escuchó o supo de esta operación u operativo denominado reclutamiento de congresistas?
El señor RAMOS VIERA.— Bueno, el operativo, la operación que haya hecho el doctor,
bueno, eso sí no, desconozco. Sé que llegaban ellos, sé que llegaban los congresistas ¿no?,
llegaban determinados días con las personas que les he indicado ¿no?, los acompañaban ¿no? o
que esto lo había conversado él con el Presidente, con otras personas, con ministros, no sé con
quien habrá conversado, con quién habrá hecho ese plan ¿no?.
Se que llegaban, a nosotros nos consta solamente las personas que llegaban, que hemos visto que
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