mecanización de la soya, la ganadería extensiva, la explotación depredadora de madera y por la construcción de pequeñas
centrales hidroeléctricas, como el Paranatinga II.
El actual diseño del Complejo Hidroeléctrico Belo Monte es una especie de reedición de un ambicioso proyecto de
ingeniería que fuera diseñado por Electronorte y la contratista Camargo Correa en la década de 1970, en pleno régimen
militar, en el que se previó la construcción de seis grandes hidroeléctricas a lo largo del río Xingú. Este conjunto de represas
inundaría casi 20 mil km2, desalojando también a un gran número de comunidades indígenas y ribereñas y supondría
además una enorme pérdida de biodiversidad, en una de las regiones más conservadas de la Amazonia Brasileña. La mayor
de las represas recibió el nombre de Kararaô, con la previsión de ser construida en la zona denominada Vuelta Grande del
Rio Xingú (VGX), donde inundaría más de 1.200 km2, incluyendo tierras indígenas de los pueblos Juruna y Arara.
En 1989, los Kayapó, pueblo indígena que domina buena parte del medio y bajo curso del río Xingú, lideraron la primera
gran manifestación contra el proyecto de las represas del gobierno federal en el Río Xingú. En ese año, se realizó una gran
reunión de pueblos indígenas, en la ciudad de Altamira (Estado de Pará) con el apoyo del incipiente movimiento socio
ambientalista brasileño, el cual tuvo una gran repercusión mundial, consiguiendo que los financiadores internacionales,
en particular el Banco Mundial, cambiaran su decisión de financiar este proyecto. En aquella época, la cual se encontraba
marcada por la redemocratización del país, los ambiciosos proyectos de interconexión de Xingú fueron archivados,
principalmente por el hecho de que el gobierno brasileño no podía financiar en forma solitaria dichos proyectos.
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