El señor PRESIDENTE.— Se reanuda la sesión.
Sigue en el uso de la palabra el señor Juan Valencia Rosas.
El señor VALENCIA ROSAS.— Gracias, señor Presidente.
Continuando con la apreciación que había hecho la señorita Townsend, en el hecho de que la
parte coyuntural en el que se precisaba que yo recién entro en contacto personal con el ex
asesor en octubre del año 2000 y donde como ya narré hace un momento llego a Lima el día
25 de octubre, miércoles, y ocurre después la presencia, que ya ha sido narrada para no abusar
de su tiempo, señor Presidente.
Llegamos al momento en el que quedan las personas, su familia, la señora y las hijas en mi
casa. Yo me sustraigo a mi habitación con mi esposa. Y a las 2 horas, aproximadamente,
quizás serían 11 de la noche, no recuerdo bien el momento, es que se hacen retiro ya de mi
casa tomando desconocimiento de todo hecho posterior.
Lo que sí puedo precisar, señor Presidente, de que en el transcurso de los días que acontecían,
previo a ello, viene a mi memoria lo siguiente: En los días que estuvieron en la casa, el último
día me hace presente el ex asesor que a un señor alto, que después pude identificar como
Áybar, tenía que entregarle 100 mil dólares del dinero que había sido repatriado, ubicado,
depositado en la cuenta del Banco Nuevo Mundo. Cosa que fue hecho el lunes o martes
subsiguiente del acontecimiento.
También, señor Presidente, me hizo una indicación expresa. De que la persona que me
llamara diciéndome 'Pelayo, tengo el encargo del hombre' tenía que entregarles toda la
diferencia que quedaba depositada en el Banco de Comercio de la transferencia bancaria del
millón 300 mil dólares.
Acordémonos de que en un primer momento yo traje de Panamá 300 mil dólares, que fueron
entregados por él hacia mi persona, y era parte de lo que yo llevé y parte de lo que él había
transportado, que le entregué en forma personal y directa cuando él estuvo en la casa. Pero
posteriormente ocurre aproximadamente, quizás en los días 8 ó 9 de noviembre, en todo caso
me remitiría a la información que pueda emitir el Banco Nuevo Mundo, en la que hago el
retiro del total del dinero y fue entregado a una persona que se identificó como, en el
momento en que me llama por teléfono: 'Pelayo, vengo por el encargo'. Lo cité para el día
siguiente, porque lógicamente no tenía el retiro correspondiente. Y a eso de las 6 de tarde,
aproximadamente, se acercó una Jeep Cherokee, modelo antiguo, con lunas polarizadas y bajó
un individuo, alto, con gorra, de tez oscura, medio trigueño. Y le hice entrega del total.
Al día siguiente me llama nuevamente por teléfono el ex asesor y me dice si ya había
cumplido con el encargo. Le dije que sí, ya no tenía absolutamente nada.
Y ahí es donde me toca el tema del asunto de los certificados de depósito de Gran Caimán. Es
en el momento en el que yo le manifiesto de que había sido ya denunciado el hecho en el
Parlamento por el señor Del Castillo y que yo la verdad que ya no quería verme envuelto en
más problemas de los que ya me había metido hasta ese momento y que quería tomar
distancia. Y él manifiesta que quería proporcionar hasta el 60% del monto de los certificados.
Esto significaba de que el 60% de los 16 millones que en ese momento era los que estaban
depositados en Gran Caimán iba a ser para quien hiciera el movimiento de retiro y efectuara
los requerimientos de este señor.
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