pregunta precisa justo al señor Valencia, sobre el caso de Totoritas, porque habíamos recibido cierta información. Si es verdad, de acuerdo a la información que se ha alcanzado, usted lo está confirmando creo, que Alberto Venero le regaló una propiedad de por lo menos una hectárea y media y donde había una casa de playa pero ya construida y con piscina, si es que estas facilidades existían, y cuáles eran, porque usted ya mencionó la oficina del jirón Washington, cuáles eran los motivos, a qué obedecían estas transacciones. Porque, digamos, no era un acto de generosidad; por el pago de qué trabajo o era en parte de sueldo. El señor VALENCIA ROSAS.— Sí, por intermedio de la Presidencia, es poco usual que alguien regale propiedades de esa naturaleza a otras personas; pero yo, por manifestación de él y algunas comunicaciones de la familia del señor Alberto Venero, pude apreciar que él se sentía hasta cierto punto agradecido con la colaboración eficaz que tenía frente a las instrucciones que él me daba para todos los efectos. Y, si bien es cierto, como manifesté hace un momento, yo recibía participación en alguno de los negocios que él tenía en cantidades menores a las que aparecía ante el común de las personas de la sociedad, quizás a manera de compensación es que él me hacía entrega de esas propiedades. La señora TOWNSEND DIEZ CANSECO.— ¿Y es cierto también que le habría obsequiado caballos de su propiedad en Bujama? Y entiendo que mantener caballos es bastante costoso. Primero, si es cierto. Y, segundo, si usted puede dar una aproximación de lo que eran sus ingresos; porque normalmente las personas que mantienen este tipo de crianza tienen gastos altos. El señor VALENCIA ROSAS.— Sí, por intermedio de la Presidencia, le respondo. Es verdad de que él me hace entrega de 3 caballos preñados y al darme cuenta, efectivamente, del costo tan alto que significaba la manutención de caballos que para mí era solamente un adorno, le devuelvo dos de los caballos y el otro caballo lo regalo a una persona de las chacras de Mala. Me deshago de esos animalitos. No sé si hubo alguna otra pregunta, discúlpeme. La señora TOWNSEND DIEZ CANSECO.— No, efectivamente, para comprobar si efectivamente este tipo de entrega se había realizado, por un lado, y por el otro, si usted puede, usted dice que figuraba con acciones minoritarias, ¿en cuáles empresas? El señor VALENCIA ROSAS.— No. Bueno, han sido varios los hechos. Manifesté en un primer momento de que en Alpeco figuraba, para darse el efecto de la sociedad anónima, tenían que haber tres personas o entidades jurídicas; en ese caso, estaba la Financiera Regional del Sur, con el 98% de las acciones; el señor Luis Duthurburu, con una acción con el valor de un sol, y Juan Valencia, con una acción con el valor de un sol también, y eso daba el fenómeno de la actuación y creación de la empresa. A lo que tal vez de repente debo de precisar, las participaciones eran en cuanto a los ingresos que en el momento que se hacían el reparto, según lo que yo había manifestado anteriormente de las comisiones, que cuando se ponía en mesa frente al señor Luis Duthurburu, se decía: para el tío es tanto, para mis hermanos es tanto y para Valencia también es tanto, dividido en partes iguales. Entonces, mi trato con Alberto Venero era que después yo me quedaba con el 10% de la parte que se calculaba y le devolvía a Alberto Venero la diferencia. Era un poco, diría yo, al estado de ánimo de Alberto, que a veces quizás cambiaba de situación mental y me decía: quédate con un poco más o está bien, o se daba por bien atendido, bien servido. -69-

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