Venero de este hecho, y me dice: no le presentes a la vieja el sitio, porque sino perdemos la
oportunidad de controlarlo al viejo. Sí, pero, lamentablemente no puedo hacer otra cosa —le
digo— porque ellos me están exigiendo.
Es así que yo entro en comunicación con el señor Alfonso Morales y le hago de manifiesto el
interés que había de parte de la señora y la hija de conocer las oficinas. Me voy al mismo
lugar donde los había recogido para ir a Doña Rosa, en un tercer nivel de la cochera que
queda al costado del Centro Comercial Camino Real, y lo cito también al señor Alfonso
Morales y éste va con su vehículo y le digo: bueno, ya tú encárgate y después ya tú las
trasladas; yo, la verdad, quisiera hacer otras gestiones.
Es así que el señor Morales las lleva a la oficina, las hace conocer, y transcurridos unos días el
señor Morales me dice: oye, yo estoy muy preocupado. Porque ya para esto la evolución
periodística y la presión y el movimiento social era tan convulsionado, que en alguna medida
el señor Morales quisiera, más bien, enmarcar en el tiempo cuando habían las reuniones con
Alberto Venero en sus oficinas, nunca se le dijo que eran del ex asesor los depósitos, siempre
Alberto Venero se refería: son de políticos, amigos, tú sabes que soy amigo de diferentes
militares que no quieren figurar y yo como broker te vengo a colocar. Ese era el marco que
tenía dentro de su mente el señor Morales. Pero ya para ese entonces, dada las circunstancias,
asume de que el total de los depósitos era del ex asesor.
Es por esa razón que me dice: mira, Juan, yo la verdad que me siento muy preocupado porque
este es un hecho, como tú comprenderás, no quiero estar envuelto; tú sabes bien de que a mí
me han operado del corazón a tajo abierto y estoy en convalecencia. Yo la verdad que no sé
qué decirte, no sé cómo actuar en este momento; te voy a pedir, por favor, de que cites a la
señora y a la hija y que éstas, a su vez, me traigan los certificados, porque yo necesito
destruirlos y entregarle un documento después, porque éstos son actos de confianza. Yo le
manifesté que lógicamente eso difícilmente creo que pueda realizarse, puesto que me imagino
que en alguna medida el interés de la persona poseedora de los documentos se siente dueña
del valor nominal que pudiera existir en ello.
Logro conversar con la señora, se hace la reunión en el mismo lugar, en la misma cochera e
ingresando en el vehículo del señor Morales, si no me equivoco, o mi vehículo, no recuerdo
bien en este momento, es que el señor Morales, le dice: bueno, han traído los certificados. Sí,
acá están. Yo, estos certificados los voy a romper, porque yo me imagino de que en algún
momento, si tuviera que haber ingresos o incautaciones, van a ingresar, van a encontrar estos
papeles y la verdad es de que me ponen en un serio aprieto y problemas, en los cuales nunca
he querido estar. Es lo que manifiesta el señor Morales.
La señora le dice: pero nosotros con qué nos quedamos. El señor Morales le dice: ustedes
tienen que saber de que son éstos actos de fe y de confianza; lo que sí puedo entregarles es un
listado donde está el orden total de los depósitos.
No pude ver bien el monto total, pero bordeaba sobre los 40 millones de dólares, quizás más,
no preciso exactamente.
Es el caso de que le entrega los certificados y al despedirse ya yo tomo distancia de la señora
y de la hija, y en un siguiente día Alfonso Morales me llama y me dice: el viejo —refiriéndose
a Montesinos, al ex asesor— me tiene pero presionado, figúrate, ha ido a mi casa, me está
ubicando por todos lados; no sé cómo se ha enterado de mis teléfonos y de todo, al parecer
hay toda una red de personas que me tienen ubicado y quieren que de todas maneras yo le
haga entrega de los certificados, y yo la verdad de que no puedo comprometer a una
-60-
Select target paragraph3
Connect to a paragraph
Connect to an entity
Disable highlights
Add to table of contents