El señor VALENCIA ROSAS.— Señor Presidente, debo siempre referirme dentro del marco
en el cual me encontraba. Recuerde usted de que yo estuve fuera del país y llegué el día
miércoles 25 en la noche, noticias que yo desconocía en ese instante y a las 12 de la noche
cuando me encuentro con mi esposa me hace referencia: uy, acá en el país hay una serie de
enredos. Bueno, y por el cansancio natural es que yo me acuesto.
Es el caso que a las 2 de la mañana y media ó 3, no recuerdo bien la hora, pero
aproximadamente dentro de ese lapso ocurre los hechos ya narrados, y no quisiera que nos
alejemos un poco del hecho humano, del pánico personal y de protección familiar; porque es
quizás fácil decir: ingresó Montesinos a tu casa y otras personas. Pero el cuadro real y exacto
era que ingresó la persona que hasta un determinado momento era una persona muy
importante dentro del país, ayudada por las Naciones Unidas, con intervención de algunos
presidentes de Sudamérica, y también tengamos presente de que estaba con miembros de su
seguridad que, hasta donde todo el mundo llegó a saber, era casi un ejército el que él
manejaba. Ubiquémonos dentro de ese marco.
Y yo le pediría, por favor, señor Presidente, que comprendan el hecho de que para mí era un
efecto totalmente subjetivo de pánico dentro de lo que significa mi esposa y el que habla, el
hecho de decir: sí, aquí estuvo. Sabiendo de que ya las primeras personas que salieron a la luz
pública, por el hecho de la famosa casa de playa Arica, fuimos nosotros.
O sea, son efectos psicológicos que de repente podrían ser medidos por algún profesional de
la materia, que podrían tal vez desarrollar mucho más exactamente la respuesta que yo le
estoy dando, señor Presidente.
El señor PRESIDENTE.— Señor Valencia, bueno, usted no estaba acá; pero a mí me
extraña un poco que me diga que no estuvo acá y por eso no se enteraba de lo que estaba
pasando en el país.
Toda la prensa internacional y la prensa nacional estaba detrás de un señor Presidente que
parecía que había perdido la razón, que se había vuelto loco; porque nadie me va a dejar
mentir que en las cámaras de televisión nacionales e internacionales aparecía desesperado y
como loco buscándolo hasta dentro de los micros y debajo, hacía parar los micros en Chosica,
la Carretera Central, el señor Presidente de la República buscando a Montesinos. Era una
noticia internacional impresionante. Entonces, un poco me extraña que usted me diga que
viene al Perú sin saber lo que estaba pasando.
Y, dos. Después de que usted está acá tampoco se entera; bueno, le da sueño y entiendo que
puede ser así el cansancio, tanto mental como físico, y eso lo entiendo. Pero ya en el momento
de los acontecimientos mismos, cuando él lo llama, ¿por qué usted no denuncia?
Usted tiene que contarnos la verdad, porque puede darse cuenta que usted podría ser
comprometido como encubridor, y eso es lo que yo no quiero y creo que nadie quiere
tampoco; porque entiendo la parte humana y comprendo perfectamente sus miedos y temores,
por su familia misma y por usted también, porque usted es un ser humano.
Pero, precisamente, por eso había que denunciar a una persona que estaba siendo seriamente
cuestionada, por lo menos, por el Presidente de la República y que era público, día y noche lo
buscaba el Presidente de la República por plazas y calles, y usted no lo denuncia y usted tenía
que haber hecho eso. O había algún temor de que probablemente el Ministro del Interior de
ese momento podría estar comprometido, y si usted llamaba a la Policía o al Ministro del
Interior o al Director General de la Policía, no le iban a hacer caso. ¿Usted tenía alguna
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