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Alfonso W. Quiroz
debía sacarse de la mina. Los derrumbes peligrosos y ruinosos ocurrieron debido a obras ilegales de mineros como Francisco Gómez y Baltasar de Cañas,
yerno y concuñado respectivamente del veedor José Campuzano. Los otros
supervisores, Fernando Anthesana, Juan Afino y Francisco San Martín eran
también culpables de fraude y complicidad con otros mineros y comerciantes inescrupulosos.60 Además, como lo había hecho en su «Discurso» de 1749,
Ulloa también denunció los excesos de los repartos, el fraude en la cuenta de los
indios tributarios y el abuso de la mano de obra indígena.61
Con respecto a la calidad decreciente del mineral en Huancavelica, Ulloa
confirmó que los depósitos más profundos tenían menor contenido metálico.
Sin embargo, culpó al gremio de mineros por no implementar las inversiones
necesarias en hornos e insumos para incrementar la productividad. Ulloa incluso experimentó con operaciones mineras financiadas por el erario real, en
una iniciativa que se llamó la Minería del Rey y que fue muy rechazada por los
mineros, quienes temían el eventual control fiscal de las actividades mineras en
Huancavelica. Ulloa pronto reconoció la imposibilidad de reconciliar los intereses del gremio de mineros con los del Rey y su hacienda. Si ocurrían monstruosidades en la asociación de los hombres, Ulloa afirmaba, en ninguna otra
sociedad era esto más cierto que en la del gremio de mineros de Huancavelica.
Los mineros usualmente daban regalos al gobernador de Huancavelica, además
de beneficiarlo con lo que cobraba de derecho por cobijar juegos de cartas en
su morada, costumbres que Ulloa rechazó y prohibió. Aún más, a pesar de
recibir adelantos del erario para financiar la producción, los mineros realizaban
ventas ilegales de azogue a particulares en lugar de pagar sus deudas al gobierno y depositar el mineral en los reales almacenes.62 Los oficiales reales también
obtenían ganancias ilegales al otorgar adelantos sobre el azogue a mineros descapitalizados, quienes luego revendían el mercurio a mayor precio y compartían
60. Ibíd., parte 1, n.os 1-10, 27, 35, 44-46, y 51. Otros agentes destructivos fueron el poderoso
comerciante Francisco Ocharán (compra ilícita de mercurio y abusivo reparto de mercancías entre los indios), Miguel Guisaburuaga (desfalco), el teniente de veedor asistente José
Gordillo y Joachim Ramery, un criado de Vega. Sobre los derrumbes de la mina, «1760: carta de Ulloa acusando recibo de un informe acerca del estado de una mina», Huancavelica,
18 de mayo de 1760, Colección Santa María, doc. 110, AGN.
61. Ulloa, Antonio de. «Relación de gobierno», parte 5, n.os 12-17.
62. Ibíd., parte 1, n.os 22 y 43; parte 2, introd., n.os 1, 7, 13-15 y 29; y parte 4, n.° 4. Véase, también, Ulloa a Arriaga, Huancavelica, 20 de agosto de 1763, Gobierno, Lima, leg. 777, AGI.
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