2 / Cimientos socavados de la temprana república, 1821-1859
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mayores asignaciones salariales y se quejó, sin escrúpulo alguno, de que en un
artículo aparecido en una publicación chilena se le hubiese acusado de deshonestidad administrativa.53
La corrupción entre los militares erguía su cabeza sobre las actividades
del sector privado y agotaba los fondos públicos y las líneas de crédito. Los
abrumadores préstamos y levas compulsivos, cargados a los empresarios y
propietarios nacionales y extranjeros, se hicieron endémicos tras casi cualquier
insurrección y contrainsurgencia militar. Este fue el caso de la insurrección de
enero de 1834, vívidamente descrita por Flora Tristán, quien fuera testigo de sus
efectos en Arequipa.54 Una gran parte de las sumas extorsionadas se manejaron
deshonesta e incompetentemente en nombre de torpes causas políticas y
militares. Las incautaciones, condenas y confiscaciones ilegales de las propiedades
de extranjeros, efectuadas desde las guerras de la independencia, agriaron las
relaciones con las potencias extranjeras durante aproximadamente los primeros
treinta años de la joven república.55 La correspondencia diplomática con las
autoridades peruanas estuvo repleta de pedidos y solicitudes referidas a reclamos de
particulares y compañías, así como negociaciones frustradas de tratados bilaterales
de amistad y comercio, que buscaban crear regulaciones contra los abusos y el
trato desfavorable dado a los súbditos extranjeros en el Perú. Estos reclamos y
negociaciones revelaron a los diplomáticos extranjeros que ciertos intereses locales
deshonestos estaban decididos a paralizar tratados y acuerdos justos.
noviembre 1825-febrero 1827. Edición facsimilar. Caracas: Gobierno de Venezuela, 1975,
pp. 90-91. En 1871, el Estado peruano cedió veintidós acciones sin valor alguno a un
consorcio privado, puesto que las obras de riego habían estado abandonadas por treinta
años (García Calderón, Francisco. Diccionario de la legislación peruana. 2.ª ed. París: Librería de
Laroque, 1879, vol. 2: 1836).
53. La Fuente a Gamarra, 5 de marzo de 1830: «[Q]ue he sido muy honrado y que no tengo
con qué vivir si me falta mi triste sueldo», Epistolario APS, vol. 7, BNP.
54. Tristán, Flora. Ob. cit., pp. 239-257.
55. Véanse, por ejemplo, los reclamos procesados por sucesivos diplomáticos de EE. UU. en
Lima, que sumaban más de 750.000 dólares (o 1,2 millones de dólares si se toman en cuenta los intereses) e incluía un embargo de naves y cargamentos (1829). Asimismo, las demandas hechas por los comerciantes Henry Tracy (1827), Samuel Tracy (quien reclamaba unos
104.559 dólares adicionales por expropiación y encarcelamiento arbitrarias por razones
políticas, a manos de Gamarra en el periodo 1839-1840), y Alsop & Co. (1835), todas ellas
impagas hasta 1842: «Memoranda» firmado por Samuel Larned, Lima, 24 de diciembre de
1836; J. B. Thorton a M. R. E., Lima, 23 de abril de 1837; y J. C. Pickett a Forsyth, Lima, 21
de noviembre de 1839 y 25 de mayo de 1840, Despatches 1826-1906, roll 5, USNA.
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