2 / Cimientos socavados de la temprana república, 1821-1859
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se diseñaron otros mecanismos dañinos y engañosos, como la consolidación
de la deuda interna y la compensación dada a los dueños por la manumisión
de esclavos, para beneficiar unos mezquinos intereses mediante los recursos
públicos del guano.
Escándalos de la consolidación de la deuda
Uno de los escándalos de corrupción mejor documentados en la temprana
historia republicana está vinculado a la «consolidación» de la deuda interna en
la década de 1850. En paralelo a los esfuerzos realizados por restructurar la
deuda externa y recuperar así acceso a préstamos extranjeros, la meta declarada
de la consolidación de las diversas deudas internas era renovar la confianza
en el crédito público nacional. Finalmente, se reconocía clara y públicamente,
luego de décadas de descuido y abusos, que una deuda interna bien servida era
la base sobre la cual se podía sustentar el desarrollo financiero y económico del
país. En consecuencia, durante el primer gobierno de Castilla se dieron pasos
importantes para la reforma de las bases del crédito externo e interno. La consolidación de la deuda interna fue, pues, un fundamento importante del crédito
público moderno en el Perú.
En realidad, dos tipos distintos de deuda interna habían ido formándose
desde el decenio de 1820. La deuda en que se incurrió por las expropiaciones
y los préstamos forzosos, en general, no había sido reconocida, o había sido
garantizada con billetes gubernamentales extremadamente depreciados. A este
primer tipo de deuda, que era de lejos el más grande, pertenecían también los
créditos genuinos, debidos a prestamistas privados de fines de la época colonial. Por otro lado, un grupo de negociantes acreedores, que suministraron
préstamos de emergencia en las décadas de 1830 y 1840, lograron conseguir
un reconocimiento y pago privilegiado de altos intereses, en parte gracias a sus
particulares conexiones con sucesivos caudillos. A este segundo tipo de deuda
favorecida pertenecían los fondos cuyos intereses se pagaban con la renta de
impuestos sobre las importaciones o arbitrios. Para 1850 estos fondos sumaban un millón de pesos a una tasa mensual de interés de entre 1 y 2 por ciento.
Los grandes comerciantes se beneficiaban aún más, al pagar sus impuestos de
importación con depreciados billetes u otros certificados de deuda pública.
y peligroso que la riqueza repentina» (Távara, Santiago. Administración del huano escrita con
motivo de la moción del H. Diputado por Parinacochas. Lima: Imprenta de El Comercio, 1856, p. 5).
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