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Alfonso W. Quiroz
Decreciente celo reformista
La pacificación eventual de la rebelión de Túpac Amaru II hizo que la reforma administrativa resultara más viable en la sierra sur que en la región central
de Lima. Con la abolición de los corregimientos y el reparto, así como con la
implementación del sistema administrativo descentralizador de las intendencias en 1784, la sierra meridional se benefició más ampliamente, al menos en
el corto plazo. Unos años después se creó, en 1787, la Audiencia del Cuzco.
Estos importantes cambios se produjeron bajo el mando de Jorge Escobedo
(1781-1787), un nuevo visitador y superintendente que reemplazó a Areche.
Escobedo fue el arquitecto principal de reformas importantes y acertadas.
Su gran logro fue la implementación detallada y meticulosa del régimen de
intendentes. En particular, el cobro y manejo autónomos de las reales rentas,
fuera de la injerencia del virrey, mejoró con el nuevo sistema de intendencias al
reducir en algo la corrupción. Los intendentes de cada una de las intendencias
o provincias creadas estaban ahora a cargo de la caja real provincial, con lo que
la recaudación creció en el periodo 1785-1795. Del mismo modo, la producción de mineral en el centro y el norte experimentó una notable mejora en este
periodo. Hasta Huancavelica vivió un breve periodo de mejora, aun cuando el
resultado final, según un funcionario depuesto, fuese un agotamiento minero
y tecnológico aun mayor.132 Por otro lado, mejoró el cumplimiento de la ley y
la vigilancia de los más de 40.000 habitantes de la peligrosa ciudad de Lima.133
Sin embargo, estos éxitos reformistas iniciales fueron limitados y temporales,
pues los intereses locales presentaron una fuerte resistencia a la reforma como
lo muestran las voces contrarias al cambio.
132. En el periodo 1777-1780, Areche no logró reformar Huancavelica, ni librarse de corruptos
intereses locales, al nombrar al contratista minero Nicolás González Saravia y Mollinedo
para que cumpliera con ciertos niveles productivos a bajo costo. Este hecho condujo a la
indignada queja de José Fernández de Palazuelos, el desplazado gobernador acusado de
prácticas ilegales. Este culpó a «Galvez, Areche, Guirior y compañía» por el desastroso
daño público que consideraba habían provocado en el Perú, en «Peru, 1782 y 1784: informes dados por D. José Fernández de Palazuelos sobre el gobierno y estado de dicho virreinato», Ministerio de Guerra, caja n.° 5590, subcarpeta 5-B-9, Servicio Histórico Militar,
Madrid (SHM). Véase también Fisher, John. Silver Mining and Silver Miners…, pp. 20-21.
133. «Informe sobre el mal estado de policía, costumbres y administración de la ciudad de
Lima y conveniencia de establecer en ella el Tribunal de la Acordada, a semejanza del de
México», Escobedo a Croix, ca. 1786, Manuscritos de América, ms. 19262, BNM.
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