favor en el tiempo, al que le decía mi tío— hay que buscarle la casa con piscina; pero yo
recuerdo que tú estás construyendo una casa y estás poniéndole una piscina”. “Sí,
efectivamente, lo voy a hacer probablemente a largo plazo; la idea es hacer algo totalmente
novedoso y en el primer piso pienso poner restaurante y en el segundo piso instalar la piscina
para que pueda tener una cierta acogida”. Estamos hablando, señor Presidente, de los lotes 22,
1 y 2 que queda en la esquina de esa manzana frente a la playa Arica.
Vi su interés de querer ver el lugar, el mismo que cuando él llega, de acuerdo a una
coordinación, pude apreciar de que le interesó. Y, es más, había gran parte de los acabados
término medio, con puertas contraplacadas, para una concurrencia que no sea muy exigente
era mi proyección. Y la piscina estaba siendo elaborada en sus bases.
Es ahí que me dice, aproximadamente, como le manifiesto, señor Presidente, en noviembre,
este hecho fue dado en noviembre del año 94, y me dice: oye —no sé si pueda decir alguna
grosería, que fue un hecho, perdóneme, señorita— puta que esto está ideal para que venga mi
pariente; pero de todas maneras yo voy a consultar con él. Está bien, le manifesté.
Transcurrieron algunos días, y por la frecuencia misma del trabajo que yo tenía con Alberto
Venero, es que me indica que iba a ir al lugar con su pariente y que yo debería de mantenerme
en la calle a la espera de cualquier indicación que éste me hiciera. Cosa que fue efectivamente
hecho al pie de la letra, vi que pudo llegar Alberto en su camioneta, tengo entendido que en
esa época usaba una Jeep Cherokee de color negro, con lunas polarizadas, y como ya conocía
el lugar, bajó Alberto Venero con una persona que no identifiqué porque estaba con un gorro
y unos lentes y que en ese momento para mí era una persona que era totalmente desconocida.
Subieron, revisaron los ambientes y estando en un segundo nivel él me llama. Ingeniero
Rojas, acérquese por favor, me dice el señor Alberto Venero. Como ya yo sabía que no
debería identificarme, puesto de que siempre he hecho caso a sus instrucciones, me acerco y
al ponerme delante de Alberto Venero y el señor que lo acompañaba, me dice: explique usted
qué cosas tienen acá. Yo le manifesté de que habían algunas habitaciones, una cocina en el
primer piso y que la intención era que con el tiempo íbamos a desarrollar el proyecto de la
piscina.
Es ahí que cuando el señor Alberto Venero, a los días, me indica: mi pariente ha decidido que
le alquiles tu casa y que no te vamos a dar ninguna remuneración, mas, lo que sí los acabados
van a correr por cuenta nuestra y así tú te haces pago del alquiler, que en alguna medida vas a
estar recompensado.
Yo lo vi como una transacción razonable y que en alguna medida iba a contribuir a la
revaluación de la propiedad y es que se dio el hecho en ese verano y me manifestó, a su vez,
que tenía que correr porque el 31 de diciembre tenía que entregar la propiedad, y que a su
llamado yo estuviera alerta para que él pudiera hacer las coordinaciones y yo tenía que salir,
excepto la persona que era guardián del inmueble, para que enseñe las diferentes funciones
que tenían los ambientes.
Se da el caso de que apoyaron con el resto de la construcción de la piscina y el día 31 de
diciembre del año 94, al mediodía, es que recibo la llamada telefónica y me dice:
inmediatamente retírate, sal y bota a toda tu gente. Cosa que fue cumplido en el acto, señor
congresista.
El señor CUARESMA SÁNCHEZ (FIM).— Muy bien. Entonces, usted en la práctica le
alquila a cuenta de los acabados, a cuenta de la inversión que hace don Vladimiro Montesinos.
El señor VALENCIA ROSAS.— Es verdad, señor Cuaresma, pero entendiendo que yo
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