ella se determinó que el Banco Wiese tenía pérdidas por US$ 480 millones, a
consecuencia de lo cual registraba un patrimonio negativo por US$ 180 millones
Esta valorización tan negativa y tan distinta de las primeras proyecciones hizo que
peligrara la fusión entre ambos banco, ya que el Sudameris no aparecía dispuesto a
asumir una pérdida tan considerable. En ese contexto, el Estado decide jugar la carta
del salvataje del Banco Wiese, puesto que se trataba del tercer banco peruano,
concentrando el 17% de los depósitos del sistema.
56- El Poder Ejecutivo emitió el Decreto de Urgencia 034-99, conteniendo un esquema
de salvataje para el Banco Wiese que consistía en un aporte de US$ 54 millones por
suscripción de acciones del Banco Wiese, sumado a un aval por 189 millones de
dólares para sostener la cartera pesada. En realidad, l cartera pesada del banco fue
trasladada a un fideicomiso y el Estado ha firmado un aval, sobre el cual no se cubrió
en forma conveniente. Con ello, la participación de la familia Wiese debería haberse
licuado, sin embargo se mantuvo parte de su representación, resultando de este modo
beneficiaria de la operación. Por su lado, el Sudameris ha declarado que no tenían
inconveniente en licuar a los Wiese y fusionar ambas entidades con el Estado al otro
lado de la mesa.
57- La pérdida potencial máxima de esta operación es de US$ 243 millones. Así, este
caso muestra que por un banco que representaba el 17% de los depósitos, el Estado
invirtió en su salvataje US$ 243 millones, mientras que en el caso del Banco Latino
la inversión del Estado y del Fondo de Seguro de Depósitos alcanzó US$ 400
millones por una entidad que absorbía apenas el 3% de los depósitos. Ello demuestra
que la operación de salvataje del Latino estuvo mal diseñada.
58- El salvataje bancario obligó a la dación de una profusa legislación ad-hoc hacia
finales de la década del noventa. Esa nueva legislación provocó que se desvirtué la
misma legislación bancaria y resintió severamente la esencia del sistema. Así, las
reglas de juego entre los actores del sistema financiero fueron modificadas en
beneficio de algunos perdiéndose coherencia en el manejo de un área crítica para el
desarrollo económico nacional.
59- La Superintendencia de Banca y Seguros en 1992 perdió la capacidad de supervisar
la liquidación de la banca de fomento, operación que le correspondía por ley. En su
lugar el Ejecutivo formó una Comisión Administradora de Cartera que una década
más tarde sigue liquidando los bancos y donde existen indicios de haberse cometido
actos ilícitos. En la liquidación de la Banca de Fomento se observa un proceso de
evasión de responsabilidades que van en contra de un saneamiento real de la cartera
y una real política de lucha contra la corrupción. Así, la estrategia habría sido el
ocultamiento de información, generando un total desorden en las Comisiones
Liquidadoras de la Banca de Fomento y la Comisión Administradora de Carteras que
benefició a los grandes deudores. Uno de los actores en este proceso fue César
Hernández Márquez, quien ya ha sido denunciado en los casos de Popular y Porvenir
y las Contribuciones Reembolsables del Fonavi. Asimismo, se habría condonado y/o
recalculado los saldos de los grandes deudores. La solución al problema pasaría por
llevar la liquidación a los procesos regulares que debieron regirla, es decir bajo la
supervisión de la SBS, toda vez que la liquidación de la Banca de Fomento requiere
de una supervisión mínima para que sea llevada de manera transparente y no como se
manejó a lo largo de la década pasada.
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