Pero, asimismo se trataba de un régimen formalmente democrático que fuera cumplía con la ley y con las normas constitucionales. La presión internacional sumada a las contradicciones con fuerzas democráticas habían obligado al gobierno Fujimori a una solución política peculiar. En efecto, el gobierno tenía una vocación dictatorial y un propósito delincuencial; sin embargo, estaba obligado a cumplir con ciertas formas democráticas especialmente con el rito electoral. Cada vez que había elecciones, Alberto Fujimori sabía que se jugaba el todo por el todo en una jornada. Por ello, se preparaba largamente, fortaleciendo sus redes clientelistas, halagando a la plebe y gobernando para la élite económica, sin dejar de calumniar y golpear a sus adversarios hasta eliminarlos de las lides usando todo tipo de herramientas. Por eso también, Fujimori usaba a fondo los recursos del SIN en las campañas electorales y movilizaba todo el apoyo posible de los uniformados el día mismo de las elecciones. El intenso uso de todo tipo de mecanismos irregulares, traspasando largamente los límites legales, mostraba cómo las elecciones eran vitales para la sobrevivencia del régimen. Fujimori no podía perder unas elecciones y a la vez nadie de su grupo podía ganarlas, por lo que estaba obligado a la eterna reelección y ello finalmente lo llevó a su perdición. Era un régimen cuyos componentes entraron en colisión. Por un lado era una dictadura corrupta, por el otro se debía a una mascarada formal democrática. Cuando incluso la mascarada fue demasiado para la entraña dictatorial, entonces el régimen se derrumbó precipitado por escándalos de corrupción política vinculados al tercer mandato. 75- La corrupción pertenece a la misma esencia del régimen fujimorista. El proceso de corrupción responde a un patrón bien establecido históricamente: el dictador no distingue entre su patrimonio personal y el tesoro público, robando para disfrutar de lujos y además para financiar la conservación o eventual reconquista del poder en caso de perderlo. Los problemas comenzaron con la ropa usada, como denunció Susana Higuchi. Luego se formó una corriente de inmoralidades y se produjo un salto adelante durante el segundo gobierno, cuando la corrupción tomó tal nivel que cualquier gobierno siguiente la habría descubierto. Esa certeza fue un poderoso impulso para tratar de perpetuarse. 168

Seleccionar párrafo de destino3

Conectar a un párrafo
Connect to an entity
Disable highlights
Añadir a la tabla de contenidos