39- El CEPRI azucarero no asesoró debidamente a los trabajadores en el proceso de
transferencia de sus acciones, ni los previno de las nefastas consecuencias de
capitalizar sus beneficios sociales a un valor facial demasiado alto. En ocasiones el
propio CEPRI azucarero interfirió en las atribuciones de las Comisiones de Venta
de Acciones a efecto de favorecer la adquisición de determinados inversionistas.
40- El Estado, para seguir saneando las empresas azucareras, ha realizado progresivas
capitalizaciones de acreencias, llegando a aumentar significativamente su
participación en el accionariado de las mismas. Estas sucesivas capitalizaciones han
traído como consecuencia que los trabajadores accionistas de las empresas
azucareras, vean licuada su participación accionaria. Por lo tanto, sucesivas
capitalizaciones de acreencias por parte del Estado continuarían lesionando los
derechos de los accionistas mayoritarios.
41- La indiscriminada dación de decretos de urgencia posteriores a la dación del Decreto
Legislativo 802, generó un caótico y en ocasiones contradictorio complejo
normativo, cuyas deficiencias generaron el aprovechamiento de los inversionistas
adquirientes en perjuicio de los trabajadores, como se ha corroborado en los casos
de San Jacinto y Pucalá. En tal sentido, urge perfeccionar y sistematizar la
legislación expedida en un único compendio normativo, que presente en forma
diáfana como debe operar el proceso de venta.
42- En el caso del Fondo Económico Especial (conformado con parte de lo obtenido por
la venta de las acciones del Estado) que debía servir para resolver las contingencias
laborales derivadas de las operaciones de transferencias de acciones, primero, y el
pago de otros acreedores, después. Este fondo fue administrado de forma
absolutamente irregular por los funcionarios encargados, en especial Jorge Arana
Coha, de quien se han encontrado indicios de negociación incompatible por asesorar
a la vez a empresas azucareras y enriquecimiento ilícito, como lo demuestran sus
cuentas bancarias.
43- Otro de los grandes objetivos de la reforma económica efectuada durante la década
era aumentar la oferta de empleo. Se entendía que habiendo disminuido la
participación del Estado en la economía, se abrirían las puertas para la creación de
multitud de empresas. Ellas aprovecharían las nuevas oportunidades económicas,
aumentando en forma considerable la oferta de empleo. Nada de esto se ha cumplido,
la promesa del empleo digno aún sigue esperando su realización. Así, de acuerdo al
mismo FMI tenemos que las cifras de empleo han sido estables durante la década.
Según este organismo multinacional, el desempleo fue invariable, mientras que el
subempleo se mantuvo bien alto e incluso subió ligeramente. Ese crecimiento del
subempleo estuvo correlacionado con el leve descenso del empleo industrial que se
ubicó por detrás de sus siempre modestos resultados históricos. En suma, para el
mismo FMI, la década de los noventa significó un estancamiento a niveles muy
bajos. Peor aún, además, los trabajadores sufrieron una caída pronunciada del poder
adquisitivo de los salarios.
Conclusiones en el área de Salvataje Bancario
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