Y en consecuencia, lo anuncié para tranquilizar a cinco mil acreedores de los bancos presentes, porque
cada banco manda 5 ó 10 personas.
El señor PRESIDENTE.— Pero ahí ya tenían planteada la estrategia de recompra silenciosa, ¿no es
cierto? El tema estaba también planteado, o sea había una contradicción entre una cosa y otra. O sea, una
cosa tranquiliza pero también eleva los precios.
El señor CAMET DICKMAN.— Cuando nosotros decidimos, la recompra nos hubiera encantado, pero
decidimos ejecutarla cuando entra plata de la Telefónica. Yo no podía gastarme los intangibles o de los 2
mil millones gastarme pues mil millones, como me gasté en recompra. Ni hablar. El Perú tenía que
mostrar unas reservas bajísimas pero alguito, porque recuerda que habíamos tenido reservas negativas.
Bueno, lo anuncio. Algunos creen que fue mal, yo digo que fue bueno, porque los papeles de la deuda —
por ahí tengo una curva, ahora la voy a buscar— me afirmaba don Valencia Dongo, que se fueron al
techo. No. Subieron y bajaron.
El señor PRESIDENTE.— Aquí hay una curva. Es una curva de enero del 93, que se calcula que estaba
más o menos en 20% a valor facial, hasta enero del 94, que está en el 71% a valor facial. Sí hay, por
supuesto, subidas y bajadas, ahí está en la curva las variaciones.
El señor CAMET DICKMAN.— Bueno, yo también tengo esta curva, no me interesa el 93 porque yo
no tenía reservas ni plata para gastar y para comprar; en consecuencia, no me sirve de nada tu curva en el
año 93.
En el año 94, que entra Telefónica y demás, ya sí puedo. Esa es mi decisión, se la planteo al Presidente y
él acepta.
Y entonces esta es mi curva, aquí entra Telefónica, en abril más o menos del 94. Si tú miras acá, aquí
estamos abajo. Ahí comienzo yo. Y yo paro acá, el 95, a mediados del 96. O sea, he agarrado, para suerte
mía, porque el mercado no lo puedo manejar, la parte más baja de la curva. Mira después cómo se va,
porque el Perú se va también reconstruyendo y la deuda se va con él para arriba. Ahí tienes esta curva,
sería bonito que le saques una copia.
El señor PRESIDENTE.— Sí, cómo no.
El señor CAMET DICKMAN.— Porque esa, con respeto, no se va a enojar el señor, no me sirve.
El señor PRESIDENTE.— El tema es el siguiente, ingeniero Camet, vamos a plantearlo con mucha
claridad, con mucha puntualidad. Cuando se hace el anuncio que papeles de deuda servirían para la
posibilidad de inversión en privatizaciones, los papeles están oscilando entre 20 y 27% de su valor; el
anuncio se hace en un momento en el cual, vía el tema de Hamburgo, el argumento es calmar inversores e
intereses que estaban (15) presionando alrededor del tema.
Cuando se efectúa la recompra los papeles están en un valor completamente distinto, están más de tres
veces su precio, de enero del 93 en el que se hace el anuncio. Nuestra pregunta es, habiendo gente como
el señor Peschiera, que ha operado en este campo y que se manejaba perfectamente en el tema de lo que
era papeles de deuda, es perfectamente posible comprar papeles en precios muy bajos y en realidad que lo
que ocurra sea que una acción pública en ese terreno constituya un mecanismo que va multiplicando el
precio para luego colocarlos en el mercado y producir, obviamente, en este sentido, al entrar en un
mecanismo de reventa con un papel revaluado, producir una utilidad bastante significativa, una utilidad
que puede multiplicar varias veces lo invertido.
El señor CAMET DICKMAN.— Pero, Javier, por supuesto. Todos los que entran en el mercado están
jugando a la timba, hay gente que se dedica a ese negocio, generalmente bancos y brokers que toman
posición propia, es igualito que la Bolsa de Valores de Lima o la de Nueva York, es una timba. Juegan,
ganan, pierden y en eso están, eso es lógico.
Si tú vas, lo que en el Congreso anterior era nuestro tema común, a que quién especuló con los papeles de
la deuda. Yo te diré que yo no lo sé nuevamente, por una razón muy simple que paso a explicar: en el
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