1 / El fracaso de las reformas coloniales, 1750-1820
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La efectividad de las medidas contra el contrabando fue puesta a prueba
durante el periodo de transición transición en el cual los navíos de permiso y
de registro reemplazaron al viejo y rígido sistema de flotas. Estos permitían
una mayor frecuencia y flexibilidad en el intercambio comercial. Entre 1700
y 1750, diversas exenciones reales otorgadas a comerciantes extranjeros (los
asientos de esclavos concedidos a franceses y, después de 1713, a ingleses) y
otras medidas intentaron flexibilizar el comercio para renovar la decadente política comercial monopólica manifiesta en las flotas del Pacífico y del Atlántico.
La tradicional feria de Portobelo, en la costa caribeña del istmo de Panamá, a
la cual llegaba la plata peruana de la costa del Pacífico para ser intercambiada
por bienes europeos importados, no se realizó entre 1707 y 1720; tampoco se
celebró en 1721, 1723, 1730 ni en el periodo 1739-1740. El sistema comercial
monopólico estuvo arruinado por la guerra y la competencia naval, así como
por el mayor costo de financiar la flota en el Pacífico (la Armada del Sur).
Los diversos impuestos, pagados por los comerciantes de Lima que sufrían la
competencia del contrabando, hicieron que los costos relativos del comercio
subieran aún más. Además, los comerciantes limeños quedaron expuestos a la
rapacidad de las autoridades de Panamá, Santa Fe y Quito, quienes confiscaban
parte de la plata en tránsito bajo la excusa de cubrir gastos de defensa local.84
Pese a la erosión de sus privilegios monopólicos, los comerciantes de Lima
se adaptaron muy bien a un sistema comercial más libre y directo con Europa
por la vía del cabo de Hornos. Diversificaron sus intereses, concentrándose en
los rentables mercados cautivos de Chile y Quito, y aprovechando las nuevas
oportunidades ofrecidas por el contrabando. En efecto, la élite mercantil de
Lima florecía económica y socialmente, incrementando sus operaciones crediticias comerciales y sus redes de corresponsales, y comprando títulos de nobleza e importantes cargos oficiales. Estos comerciantes fueron beneficiarios
del difundido contrabando que ahora ya formaba parte integral de la economía
peruana. Los mercaderes más acaudalados y sus herederos estuvieron involucrados en casos de comercio ilícito (por ejemplo, el peninsular montañés
José Bernardo de Tagle Bracho, marqués de Torre Tagle, habitualmente estuvo
84. Turiso, Jesús. Ob. cit., pp. 102-104 y 107; Quiroz, Alfonso W. Deudas olvidadas…, pp. 72 y 95;
Ramos Gómez, Luis J. «Los intentos del virrey Eslava…», pp. 650-651; Grahn, Lance. «An
Irresoluble Dilemma: Smuggling in New Granada, 1713-1763». En Fisher, J.; A. Kuethe, y
A. McFarlane (eds.). Reform and Insurrection in Bourbon New Granada and Peru. Baton Rouge:
Louisiana State University Press, 1990, pp. 123-146.
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