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Alfonso W. Quiroz
(1836-1839), inspirada y encabezada por Santa Cruz después de vencer y fusilar al proteccionista dictador Salaverry, Elías le compró al Estado dos valiosas
haciendas con billetes depreciados a su valor nominal.75
En ese entonces, Santa Cruz era considerado más honrado que otros caudillos militares: «A pesar que [Santa Cruz] sabía cómo cuidar sus propios intereses, nunca fue acusado de enriquecerse ilícitamente ni, menos aún, de permitir
que cualquiera de sus subalternos lo hiciera».76 Sin embargo, la base de poder
principal de Santa Cruz era un grupo de fieles generales extranjeros activos
en el ejército peruano desde las campañas de la independencia, así como los
comerciantes y diplomáticos extranjeros interesados en alcanzar acuerdos de
comercio libre y una reforma de la política aduanera.77 En 1836, Santa Cruz, su
aliado el general Orbegoso, y su alto mando militar se beneficiaron con generosas concesiones oficiales de altos salarios, así como recompensas en efectivo
y bienes raíces. Cuando Gamarra regresó al poder en 1839, su gobierno superó
largamente los excesos derrochadores previos. Gamarra concedió un millón de
pesos a los principales causantes de la derrota de Santa Cruz: el «Restaurador»
ejército y marina chilenos, y su propio grupo de oficiales gamarristas.78 En su
campaña contra la Confederación, Gamarra recibió el respaldo inicial de su
viejo aliado, el general Juan Crisóstomo Torrico, una de las figuras más corrompidas e intrigantes del Perú decimonónico.79
75. Orrego, Juan Luis. Ob. cit., p. 320, donde se cita a Echenique, José Rufino. Memorias
para la historia del Perú. Editadas por Jorge Basadre y Félix Denegri Luna. Lima: Editorial
Huascarán, 1952, vol. 1, p. 104.
76. Witt, Heinrich. Diario 1824-1890…, vol. 1, pp. 329-330. Witt también comparó la personalidad moral de varios presidentes militares: «Santa Cruz [...] era sin duda un hombre de gran
capacidad; en su ámbito cotidiano era un buen esposo y un buen padre, no era un libertino
como Echenique, ni borrachín como Orbegoso, ni jugador como Castilla» (p. 328).
77. Wu, Celia. Ob. cit., pp. 27 y 75.
78. Basadre, Jorge. Ob. cit., vol. 2, pp. 135-136 y 170.
79. Luego de que Gamarra deportara a Torrico por el papel que le cupo en una fallida rebelión
en diciembre de 1840, un observador anotó lo siguiente acerca de Torrico: «ha mostrado
no ser el hombre ya sea para llevar a cabo una revolución o para darle dirección […E]s deficiente tanto en coraje como en discreción. La predisposición traicionera de este oficial es
un ejemplo de las vilezas a las que son capaces los militares del Perú. Él le debe casi todo al
Gen. Gamarra: rango, distinción y fortuna, esta última adquirida saqueando y oprimiendo al
pueblo, y le paga con la ingratitud más vil. Es [...] el rufián más grande del Perú, donde éstos
de ningún modo escasean; y la impunidad que le fuera extendida a su carrera de violencia y
daño no es de los errores, o mas bien delincuencias, más pequeños del Gen. Gamarra [...]. En
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