1 / El fracaso de las reformas coloniales, 1750-1820
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corruptas. A lo largo del siglo XVIII los cambios en el liderazgo imperial español a partir de la década de 1790 y, en última instancia, las transgresiones cometidas en la política fiscal y comercial, los gastos militares, las finanzas de guerra
y la administración provincial y minera facilitaban las corruptelas. Los intereses corruptos peninsulares y criollos continuaron sin control, en tanto que la
mayoría de los súbditos del virreinato debía soportar los costos. En consecuencia, las instituciones virreinales se basaron en parte en leyes y autoridad españolas tradicionales o reformadas, y en parte, a veces crucialmente, en intereses
y prácticas corruptos inherentes al gobierno patrimonial local. El estudio de la
corrupción resulta así esencial para comprender el funcionamiento sistémico,
real y práctico, de las particulares instituciones coloniales en las que se basó la
desenfrenada corrupción del Perú posterior a la independencia.
Las continuidades y legados de la corrupción, presentes en el Perú en la
transición de las instituciones coloniales a las republicanas, hundían sus raíces
en el poder centralista y patrimonial de los virreyes militares, respaldados por
sus círculos de patronazgo. El abuso de las políticas financieras fiscales y de
las instituciones continuó siendo un rasgo importante del legado colonial. Al
carecer de una tradición significativa de pesos y contrapesos constitucionales y
una división de poderes, las nuevas estructuras de poder surgidas en la década
de 1820 se basaron en redes de patronazgo muy bien arraigadas, que fueron
dominadas por los caudillos militares quienes a su vez heredaron la influencia
de los oficiales militares del tardío sistema colonial.
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