la no aplicación del shock. Así, se reveló un estilo de gobierno donde no decir la verdad y crear efectos psicosociales eran concebidos como recursos válidos. Por su parte, la política económica ortodoxa fue ejecutada con distintos énfasis a lo largo del decenio, pero cada vez con menor coherencia. 10- Por su parte el gobierno aprovechó el neoliberalismo para atraer cuadros profesionales. Es decir, a diferencia de las satrapías corrientes, el fujimorismo elaboró una propuesta de transformación integral del país y un mensaje sobre cómo lograr el desarrollo nacional. Esa fue una de sus mayores ventajas relativas y conduce a entender al régimen como una organización delictiva ubicada dentro de una corriente política que lo trasciende. Esa corriente tiene contenido ideológico y en tanto propuesta política no comparte los delitos de Fujimori y su círculo, pero al acompañar a un régimen corrupto, el neoliberalismo le confirió respetabilidad y obtuvo apoyo internacional. 11- Este proceso vino acompañado por un extenso clientelismo. Otra de las tradiciones políticas peruanas exacerbadas en sentido negativo fue el intercambio de lealtades por favores. En forma sistemática durante los años noventa el Estado construyó pequeñas obras públicas de impacto local y repartió alimentos exigiendo apoyo y sostén de parte de los beneficiarios. Por su parte, éstos últimos vienen mostrando un carácter altamente pragmático y han recibido las prebendas ofreciendo lealtad temporal, mientras permanezca la autoridad que se encuentra a cargo. El gobierno de Fujimori empleó el clientelismo a partir de cierto momento, cuando en forma paralela, primero se incrementó la recaudación fiscal, luego se usó los fondos de la privatización y también empezó a recibir préstamos internacionales específicamente destinados a ayuda social. El presidente cultivó con esmero el clientelismo, comprendiendo que aumentaba su carisma personal. Así, el gobierno reclutó partidarios entre las redes de beneficiarios de los cada vez más extensos programas sociales. 12- La corrupción creó una red orientada a poner el aparato del Estado a sus pies para poder delinquir sin control. Así, se tejió una red que conectaba al núcleo gobernante con diversas autoridades que funcionaban como sus operativos para el sometimiento de los otros poderes. El núcleo central de poder estaba integrado por Alberto Fujimori, como representante personal y exclusivo del partido gobernante, acompañado por quienes durante el decenio representaron al otro socio básico: el poder militar. Los representantes de las FFAA en el comando de la sociedad delictiva fueron varios, comenzando por Nicolás Hermoza quien llegó al comando en 1991 y participó del autogolpe del 5 de abril. Hermoza estuvo al frente del Ejército hasta agosto de 1998 cuando fue removido produciéndose una cierta renovación de la cúpula militar. Pero, en lo fundamental, Vladimiro Montesinos fue el aliado militar por excelencia, habiendo subordinado al comando profesional de las FFAA nacido de los rangos, al control de los servicios de inteligencia, que habían sido previamente sometidos a su influencia personal. 13- Vladimiro Montesinos conoció a Alberto Fujimori entre primera y segunda vuelta de las elecciones presidenciales del año 1990. La primera relación entre los dos personajes que nos gobernaron durante una década fue para cubrir irregularidades e impedir su difusión. Por un período largo estos dos personajes han compartido una vivienda común en el SIN y su intercambio era tan estrecho que el asesor en un 143

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