controlan el 3,5% del total del presupuesto y se encuentra un inmenso
contrasentido, según el cual las escasas fuerzas del sistema nacional de control
se destinan a verificar el cumplimiento de la legalidad del gasto en instituciones sin
mayor significado económico.
El argumento habitual para fundamentar esta inmensa desproporción es que de
hecho los gobiernos locales manejan presupuestos reducidos, pero son
numerosos y constituyen un elevado porcentaje del total de instituciones públicas.
Así, como hay más de 1,800 municipios distritales y casi doscientos concejos
provinciales, sucede que el número total de gobiernos locales es elevado y
corresponde poco más o menos a los dos tercios del total de instituciones
públicas, lo cual equivale al porcentaje de acciones de control efectuadas en
ellos. Este argumento tiene los elementos habituales de un sofisma, puesto que
emplea los números para conferirle alguna lógica a un proceso absurdo, por el
cual la CGR dispuso que se supervise preferentemente a quien no contó con
grandes fondos para gastar.
Por el contrario, este proceso de concentración del control en municipalidades
encuentra su fundamento político cuando se constata que, durante la década del
noventa, el poder central encontró opositores sistemáticos en buena parte de las
municipalidades. Es decir, la oposición democrática controlaba muchos gobiernos
locales y ello motivaba el interés de la CGR por verificar sus estados financierooperativos. Así, la CGR habría actuado en esta materia por razones políticas,
favoreciendo la campaña sistemática del gobierno central para terminar con todo
rezago de legitimidad rival.
Asimismo, se encuentra que la formación de las oficinas descentralizadas significó
un aumento de las acciones de control en provincias, que alcanzaron un elevado
70% del total de operaciones realizadas bajo Caso Lay. Este aumento se
consiguió a través de campañas sistemáticas para controlar en gran escala a
numerosos gobiernos locales en determinadas áreas del país. Por ejemplo se
registra para los años 1994 – 1995 las campañas operativas “Arena” 20, “Cusco” e
“Ica” entre otras, que concentraron los escasos recursos humanos y materiales de
la CGR en el control de las municipalidades dirigidas por miembros de la
oposición.
En un sentido opuesto se encuentra la evidencia sobre una corrupción bastante
alta encontrada por la CGR en las municipalidades. Es decir, durante los noventa,
la CGR denunció en forma regular bastantes casos de malos manejos en los
gobiernos locales21. La reiteración de estas situaciones facilita el argumento de
20
CGR. Memoria Anual 1995. Lima: 1995. p23. Operativo realizado durante 1995 que comprendió la
ejecución de 431 Acciones de Control, orientadas a las Municipalidades Provinciales y Distritales de los
departamentos de Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Lima, Junín, Ica, Arequipa, Moquegua y
Tacna.
21
Esta afirmación es corroborada por Jorge Carrillo Vargas, quien señaló que el direccionamiento, la
orientación y qué municipios debían ser controlados provenía del despacho del contralor. Del mismo modo, el
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