evaluar la pertinencia del gasto ni el criterio de selección del proveedor. Por el
contrario, ni el cumplimiento de metas, objetivos o de su Misión Institucional,
simplemente el objetivo del control es verificar el orden de la documentación de
acuerdo a determinado formato, que a estas alturas, es conocido con claridad por
cualquier buen administrador de institución pública.17
Por si faltara experiencia administrativa en alguna repartición del Estado, la ley de
la CGR ha incorporado a las Sociedades de Auditoria Designadas, SOA, al
sistema nacional de control. Como vimos, estas sociedades son empresas
privadas de auditoria que se encuentran inscritas en un registro en la CGR y se
comprometen a verificar documentación contable de las reparticipaciones públicas
que demandan sus servicios siguiendo procedimientos regulares y
estandarizados. Así, se supone que facilitan las operaciones de la CGR.
En la práctica, una institución pública solicita los servicios de alguna de estas SOA
y somete su documentación contable a una verificación que culmina con
recomendaciones que luego de ser satisfechas recién permiten que la repartición
pública eleve su informe financiero-operativo al control de la CGR. Hay una
evidente cuota de racionalidad en el procedimiento. Pero, el mismo fue funcional a
la corrupción porque se dirigió a verificaciones formales de documentos contables
sin profundizar en la pertinencia y en los criterios del gasto. En este contexto, el
doble filtro de las SOA sólo sirvió para dotarle al proceso de control financierooperativo de un carácter ritual con poco sentido en la realidad. Así, disponer de
orden para la conservación de los papeles y buenos contactos entre las SOA eran
las herramientas claves para aprobar en la CGR, tanto si la institución era
manejada en forma limpia como en caso contrario.
Una idea que se impone sobre el comportamiento de la Contraloría durante los
años 90, es que fue mantenida al margen del privilegiado grupo de organizaciones
diseñadas como “islas de eficiencia”, no precisamente por falta de empuje de sus
trabajadores, sino más bien por las directivas que venían de los más altos
mandos, que preferían mantenerla anclada como parte del sector tradicional y
pesado de la burocracia pública.
Este planteamiento se refuerza por el análisis de la descentralización de la CGR
durante los noventa. De una manera bastante similar al resto del aparato estatal,
la CGR se desconcentró hacia algunas provincias, pero no descentralizó ninguna
decisión ni tampoco demasiada capacidad operativa. De esta manera, es algo
positivo que se haya abierto subsedes en siete importantes ciudades del interior.
Pero, los jefes provinciales eran manejadas por una sola unidad (ubicada en Lima)
que reportaba directamente al contralor y por ello todo el poder de decisión estuvo
concentrado en Lima. En particular, se mantuvo en manos del contralor las
decisiones sobre en cuáles instituciones públicas provincianas se realizarían
17
Es muy revelador que la Memoria integral que da cuenta de toda la gestión de Caso Lay no cuantifique las
auditorias de gestión. Tampoco ofrece información cuantitativa sobre las auditorias financiero-operativas. Op.
Cit. p. 31.
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