ya se dio cuenta que no era montesinista. He hablado con él largamente y le he explicado muchas cosas
que era mi perseguidor, ahora eres tú. Bueno, de alguna manera es tu función y tu labor.
Dale, dale con.. Cuando terminó de ver las pruebas y documentos de los cuales tú conoces una buena
parte. Bueno, terminó diciéndome: “mira Jorge, ya me doy cuenta. Yo creía que tú y Montesinos eran
así”, y me puso los dedos así.
Bueno, volviendo a tu pregunta —por eso además ya no me persigue, además ha perdido.. con el cargo
que ha recibido ya no puede ser perseguidor, ahora está en otra función—.
Bueno, ¿qué cosa es el tema?
El señor PRESIDENTE.— El tema de quién fue la persona que hizo el planteamiento respecto a la
posibilidad..
El señor CAMET DICKMAN.— Fueron las personas.
El señor PRESIDENTE.— O las personas respecto a la recompra de la deuda (17) rusa.
El señor CAMET DICKMAN.— La deuda rusa es un tema importante.
Primero se aparece AIG, mandó una carta diciendo que el Perú autorice la transferencia de la deuda de los
rusos hacia AIG. Yo, de ninguna manera y no hago un gesto porque es feo. Bueno, “de ninguna manera,
¿por qué?”. Por los antecedentes de AIG que es Greenberg, un hombre que parece que tiene muchos
méritos, de pobreza extrema terminó siendo un potentado en la más grande aseguradora de Estados
Unidos y metida por todo el mundo con 4 mil millones, no sé cuánto, de patrimonio.
Esos señores fueron los aseguradores de Belco que expropió Alan García y le pagaron a la Belco que se
quedó tranquila, pero esos le iniciaron las demandas al Perú. El señor Greenberg tenía poder político con
Clinton que nos hizo imponer con su amigo Secretario de Comercio Michael (Mickey) Kantor, “corte en
la preferencia andina, porque el Perú no me paga”. Yo no era ministro, pero lo sé hoy.
El gobierno peruano mandó a Boloña con Yoshiyama a hablar con Greenberg para ver de arreglar alguna
fórmula para que el Perú reconstruyera su preferencia andina y arreglara esa deuda. Firmaron algún
acuerdo que después no cumplieron, pero que tenía una tasa de interés de 7%. Y en ese momento el libor,
cuando yo entro, se había puesto a 3 ó 4%.
En consecuencia, hasta políticamente, no solo económica y financieramente era un mal acuerdo, porque
cambian los tiempos y las tasas de interés.
Entonces, visto esto decidí yo hablar con Greenberg, porque la preferencia andina era importantísima,
incrementar las importaciones. Yo logré duplicarlas de 3 mil a 7 mil, pero no era suficiente, me quedé
corto a lo que hubiera querido que sea. Y la preferencia comercial andina, hoy día todos sabemos lo
importante que es.
Entonces, me fui, solicité una reunión con el señor Greenberg y me fui a Nueva York. El señor Greenberg
es un Zar, un.. no digo, porque es feo decirlo, pero es un hombre terrible, un dictador, una cosa durísima.
Entré a la cita a las 9 de la mañana, un día X y me iban a recibir.
Para que te des una idea cómo maneja este, una sala de este tamaño que estaba llena de gente pegada con
sillas a la pared en una L de sillas, los 2 primeros sitios estaban libres. Cuando estaban todos sentados me
pasaron a mí a la segunda silla y 5 minutos después entró el Zar, un hombre bajo, chiquito, medio chato.
Dijo secamente: “me alegro que haya venido usted a negociar, porque su país ha incumplido los acuerdos
de los ministros que vinieron y además no me pagan, pagué la póliza de seguros, etcétera”. Le dije: “sí
pues, he venido a ver si podemos arreglar algo”. “Muy bien, usted va a hablar con mi segundo”. Se
levantó y se fue.
Ya te he descrito a Greenberg. Ahora entiendes por qué yo ni por juego le iba a autorizar que los rusos le
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