perdiendo gente valiosa, pero voy a rescatar y reclutar otras gentes valiosas. A las empresas públicas le voy a reforzar la gerencia. Nunca creyó plenamente en las privatizaciones. Cuando llegó en su blockcito el último tema que había sido Boloña, en el cual yo había manifestado lo que ya expliqué, discrepábamos, pero veíamos que era necesario conservarlo por lo menos un tiempo. Él dijo: ha hecho usted muy bien en tocarme al final de su agenda el tema Boloña, ¿y sabe por qué señor Camet? Porque para que Boloña se quede hay un condicionante que él mismo a puesto, es que usted entre de Ministro de Industria en reemplazo de Joy. Yo solté un ajo, y le tuve que pedir disculpas al Presidente y darle la explicación de por qué se me escapó. Yo había estado dos días antes, los dos días conversando con Boloña y Boloña no me dijo ese condicionante, le expliqué al Presidente que disculpara. Y le dije, que yo saliendo de su despacho iba a decirle a Boloña todo lo que se merecía. Hoy me cuenta Boloña que por teléfono le mente a su mamá, porque era una deslealtad de una persona conocida y amiga con quien uno se reúne, él tenga oculto algo y no sea trasparente. Cuando yo le expliqué que iba a requintarlo a Boloña, el Presidente me dijo: Usted no debe ni puede hacer eso. Yo le dije: Tiene usted alguna razón por la cual no debo ni puedo hacer eso. Me dijo, porque yo le prohibí a Boloña que se lo diga. Y mi respuesta fue: Presidente, hay gentes que pueden aceptar ese tipo de prohibiciones, pero yo no aceptaría ese tipo de prohibiciones de no ser trasparente y guardarse cosas, y por eso estoy indignado con Boloña y por eso he tenido este ex abrupto del cual le pido disculpas. Presidente, no soy industrial, en consecuencia no estoy preparado para el cargo, yo le voy a dar tres nombres, déjeme pensar y le propongo. Señor Camet, cuándo nos podemos volver a ver. Cuando usted quiera, usted es el Presidente de la República. Señor Camet, qué le parece esta noche a las 11. Pero, Presidente, a las 7 yo tengo que salir a comer con mi esposa y mi cuñada, que acaba de fallecer hace dos meses mi hermano y hay que aventilarla a la pobre viuda. Bueno, pero por qué no viene a las 11. Oiga, Presidente, a las 11 de la noche yo no le voy a llevar la terna que le he mencionado. Pero no importa, yo quisiera conversar con usted; además, piense una cosa, a la reunión voy a convocar al señor Boloña. Presidente, Boloña no va a poder venir, está afónico, está en cama, yo lo he visitado hoy día en la mañana. Yo le garantizo que va a venir Boloña. Está bien, a las 11 vendré, pero no voy a tener la terna. Hágame el favor. Entonces, me citó al Pentágono, parece que este cambiaba de sitios donde dormía por el golpe que había dado. Y llegué al Pentágono nos recibió. Yo a las diez y media le digo a mi mujer: —vivo cerca, en Chacarilla— Sabes qué, tengo que salir porque tengo una cita con el Presidente de la República. Sabes que me dijo: No te me hagas el vivo de acá no sales, y se me paró adelante. En la comida no me has contado nada. Bueno, no te he querido contar nada, pero yo tengo una cita a las 11 con el Presidente de la República. No te me hagas el vivo. Bueno, le dije, ya vieja ponte a un costado y no me vengas con cosas. Y salí manejando mi carrito. Cuando estoy manejando mi carrito, llegando a la puerta principal del Pentágono, veo que entra Boloña con todo su corte de autos de custodia y demás delante, y justo coincide con que yo me pego atrás y nos meten a un sótano. En el sótano nos bajamos, inclusive yo cuadro el carro al costado, había un coronel que nos esperaba, yo estaba desesperado por decirle a Boloña lo que ya le había dicho por teléfono y enrostrarle lo que a mí no me gustó, pero no pude por el coronel, no puedo hacer esas escenas. Nos llevaron, pasamos por un detector de metales y entramos a un salón, de repente salió el primer ministro Paco de la Puente: Jorge, cómo estás. En mi vida lo había visto. Así fue el saludo. Y estuvimos hablando con Boloña, el Presidente y Paco de la Puente hasta las 3 de la mañana, —estoy hablando a partir de las once de la noche— hablaban entre ellos. Yo escuchaba que vamos a nombrar Superintendente de Banca, —no sé si había renunciado o había vacantes, no sé— un montón de temas, pero de interés nacional. Yo metí también la cuchara, por ejemplo, hablaron —no quisiera mencionar nombres porque ha fallecido, de un viejito que escribía muy lindo en el periódico que hablaba así, Juan el vivo y Pepe el tonto, ya tú sabrás de quien estoy hablando— que lo ponemos de Superintendente de Banca. Le digo no, es muy vinculado a un banco grande, uno; y dos, no está para el cargo, está para otras -29-

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