El señor PRESIDENTE.— Ahora, usted escuchó alguna vez, probablemente sí ¿no?, que cl
señor Montesinos luego de conversar con estos tránsfugas, entraba a la oficina y decía, "ya
atracó". Utilizaba esa palabra "ya atracó" y luego se iba después de ese comentario.
El señor RAMOS VIERA.— Bueno, lo debe haber hecho dentro de su oficina, porque con
nosotros, bueno, no, no, no le he escuchado.
El señor PRESIDENTE.— En otras oficinas sé que había ese comentario
El señor RAMOS VIERA.— Bueno, podría haber hecho ese comentario, pero yo no le he
escuchado delante de nosotros, no había la confianza como para decir pues, oye ya, no, nada.
Nunca le he escuchado pero debe haberlo comentado.
El señor PRESIDENTE.— Pese a esa gran confianza que tenía en ustedes porque ustedes
prácticamente le preparaban la agenda, él se guardaba para sí, para el señor Montesinos, el
conocimiento de muchas cosas ¿no compartía todo con ustedes?
El señor RAMOS VIERA.— No, nosotros, incluso el trato que tenía, bueno y eso, le digo esto
por ahora ¿no? que las declaraciones que está haciendo el doctor Montesinos, como que nosotros
somos sus testigos de él, de que todo lo sabemos, no. Todo lo que él dice nosotros lo vamos a
corroborar dice ¿no?
Y eso es mentira porque nosotros, y de eso puede dar fe la señora Maruja, la señora Matilde, la
forma corno él nos trataba era una forma muy humillante. El hecho de ser oficiales ¿no? yo veía
al personal policial subalterno como él les agarraba a manguerazos, a golpes.
El señor PRESIDENTE.— ¿Cómo, cómo, cómo?
El señor RAMOS VIERA.— O sea, cuando a veces cometía alguna falta el personal subalterno
de la Policía más que todo, bueno, no le he visto a un oficial que le haya puesto la mano ¿no? el
personal de la Policía más que todo; los hacía reunir a todos y les comenzaba a dar de
manguerazos en la cabeza a todos.
El señor PRESIDETE.— ¿El señor Montesinos?
El señor RAMOS VIERA.— Lo cual lo hizo a mi compañero, dijo, mi compañero fue y le
ordenó pues ¿no? fue y le dio despacio pues ¿no? y el doctor dijo, trae para acá, yo te voy a
enseñar cómo se da y !poh¡ le dio y a todos los que habían cometido alguna falta ¿no?
El señor PRESIDENTE.— ¿Y eso se repetía?
El señor RAMOS VIERA.— Incluso en la oficina, no me acuerdo ahorita quién fue pero llegó
y también le tiró un maguerazo dentro de la oficina de nosotros, nosotros lo vimos ¿no?
Y la impotencia ¿no? de poder decir, qué le pasa a usted ¿no? cómo le va a poner la mano a una
persona. Y eso yo lo conversaba con mis compañeros, con la señora Maruja, no es posible. a mi
que me ponga la mano, yo no sé que haría le digo, porque yo puedo reaccionar mal, yo me
conozco pues, uno puede aguantar quizás palabras, y nos humillaba, nos trataba, (4) disculpen la
palabra ¿no? pero como a un trapeador a nosotros ¿no?. Nos insultaba.
El señor PRESIDENTE.— ¿A ustedes los oficiales?
El señor RAMOS VIERA.— Sí, a nosotros como oficiales.
El señor PRESIDENTE. ¿Así, y qué les decía, digamos?
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