llamado Pirámide Azul, señora que también trabajó, tengo entendido, en la Embajada de
Roma en un momento, y su hijo conformaron una empresa en Panamá para que sean los que
figuraran como propietarios del departamento ubicado en Argentina.
También, señor Presidente, debo de manifestarle de que en lo relacionado a mis ingresos
personales, todos han sido declarados ante Sunat y demostrados en la Policía, que se me había
solicitado, todos declarados ante la entidad correspondiente, en este caso Dinandro,
sustentadas por el contador y que podría de repente en cualquier momento acercarle también
la documentación.
En cuanto a propiedades que me pertenecen, debo de manifestar de que mi casa, Doña Rosa,
la saqué a crédito, pagada durante 5 años, crédito que me fue otorgado por el Banco de
Comercio; también, una propiedad que compré en la avenida Tomás Marsano y que después
posteriormente fue una edificación, ese fue un producto de pago de contado; una propiedad en
Napo, en Breña, que fue vendida por el señor Alberto Venero a mi persona, (23) el nombre
del propietario anterior era una empresa Angelo, que manejaba él también para lo que era
proveeduría, para proveer a las Fuerzas Armadas y Policiales; en Breña un local que compré
al crédito de corto plazo, crédito que saqué en el Banco de Comercio totalmente pagado.
Después, un departamento en Washington, departamento que me fue regalado por Alberto
Venero, porque en ese departamento, en un primer momento entre Bolivia y Washington, en
el décimo piso, había funcionado la empresa Santa Ángela, después la empresa Malecón
Cisneros, después, tengo entendido, una empresa de propiedad de la señora Luisa Venero
Garrido y de su esposo y al parecer esa dirección era, por lo que yo en un primer momento
escuché, este lugar ya estaba quemado. Cuando yo recibo la información de Alberto de que si
la quería me la regalaba, bueno, yo le dije: por supuesto, porque de todas maneras
difícilmente uno puede despreciar a veces ese tipo de presentaciones u ofertas.
Después, también me vende un terreno ubicado en Villa, un área de 2 mil 500 metros
cuadrados, en compensación al precio que me vendió Napo equilibraba los montos, que me
pareció razonable.
Una propiedad de la señorita Susan León, una tienda que quedaba en Santa Ana, en
Higuereta, que fue precisamente a sugerencia de Alberto Venero, que me dice, con palabras
concretas: mi mujer quiere deshacerse de esa tienda y tú tienes que comprarla, y también
aprovecha la oportunidad que mi suegra —refiriéndose a la mamá de Susan León— un
departamento en Astete. Que también es vendido, y a través de un crédito bancario del Banco
de Comercio es obtenida por mi persona.
Asimismo, me regala una chacra en el kilómetro 86 de la Panamericana Sur, figurando como
15 mil dólares en el documento; pero no hubo pago de ninguna naturaleza. Si bien es cierto de
que podría observarse de que un regalo de una chacra de 3 mil metros cuadrados podría ser
algo muy significativo, debo de aclarar el detalle que él muy bien reconoce en su momento
cuando es obtenida por mí era una zona fangosa; pero que después yo realicé trabajos de
canalización.
La señora TOWNSEND DIEZ CANSECO.— Puede especificar la zona del terreno, señor
Valencia.
El señor VALENCIA ROSAS.— Sí, eso está en el kilómetro 86 de la Panamericana Sur, a la
entrada de lo que es la playa Totoritas.
La señora TOWNSEND DIEZ CANSECO.— Presidente, no sé si le puedo hacer una
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