Retomando nuevamente los recuerdos y volviéndonos a ubicar en fechas en los cuales se
dieron los actos en sí, voy a solicitarle, señor, por su intermedio ubicarnos en el año 1993.
Como ya había manifestado inicios de mis contactos con los señores Venero, Duthurburu. En
ese año, en el mes de noviembre yo tengo la oportunidad de comprar una propiedad del lote
22 en la Playa Arica, lugar donde yo inicialmente había pensado tener un negocio, (12) ya que
por toda esa zona no existía un hotel que brindara alguna posibilidad de servicio de esa
naturaleza.
Es ahí que empiezo a construir, en el año 1993, ambientes con baños independientes, creo que
ha sido un total de 10 habitaciones. Estamos hablando de un solo lote cuyas dimensiones son
aproximadas de 250 metros, quizás un poco más, y conforme va desarrollándose el tiempo
veo que era necesario la compra de los lotes 1 y 2, que quedaba en la esquina.
El valor que pagué por el lote número 22 a los señores Pozo en ese momento, era, si mal no
recuerdo, 13 mil dólares.
El lote 1 y 2, de la familia Rodríguez, fueron por el orden de los 25 mil dólares cada uno,
valores que fueron a solicitud de estos señores, que fueran por debajo de lo que se estaba
realizando la transacción. Es ahí de que ya tenía el ambiente de cochera, tenía los ambientes
que se estaban terminando de arreglar para los departamentos por alquilar, o las habitaciones
para alquilar.
Y en noviembre de 1994 Albero Venero me dice: Oye, mi pariente necesita una casa de playa
con piscina. Busca en todo el sur. Ándate desde Santa María, anda recorriendo la zona. Yo
hice esa gestión, no encontré ninguna casa con esas características.
Pero para esto en una oportunidad Alberto ya había tenido conocimiento de lo que yo estaba
haciendo, realizando como construcción el hotel, y me dijo que quería verlo el sitio. Fue, miró
el lugar, y yo había proyectado en la parte del retiro de la construcción construir una piscina
en el segundo piso y que en la parte de abajo iba a ser un restaurant. La imaginación me
llevaba de repente ponerle una luna, que la gente que visite el restaurant pudiera ver arriba la
gente que se va bañando, un poco rompiendo los esquemas tradicionales, buscando tener
cierta acogida para la inversión que uno estaba haciendo. Esto estaba en proceso de
construcción de la parte estructural y justamente ahí me dice Alberto: Oye, esto yo creo que le
puede gustar a mi pariente. Déjame ver. En todo caso yo te voy a avisar en qué momento
pueda ser que venga con él.
Volviendo recordar, señor Presidente, para mí en ese entonces la palabra "mi tío", "mi
pariente" era simple y llanamente una persona de cierto poder no ubicándolo como persona
propiamente dicha, estamos en noviembre de 1994.
Es ahí que un día me llama por teléfono y me dice: Espérame en tu sitio, pero me esperas
afuera. Si yo quiero que te acerques te voy hacer una indicación.
Bueno, así fue, y es así que llega Alberto Venero en una camioneta Jeep Cheroke, negra, de
lunas polarizadas, donde baja Alberto y baja un señor con una gorra, unos lentes al cual no
pude identificar. Ingresaron a la construcción, subieron al segundo piso, después de que veía,
accionaban con las manos señalando diferentes ambientes, lugares. Es que Alberto Venero se
acerca al filo de la construcción y me dice: Ingeniero Rojas, por favor, acérquese.
Entonces, como ya yo entendía lo que él previamente me había dicho, me acerco, voy al
segundo piso y le dice: "Tío, éste es el ingeniero Rojas y yo quiero que él te expliqué qué cosa
es lo que está haciendo acá. Entonces le dije: Bueno, acá hay ambientes con baños
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