Bueno, entramos a las 11 de la noche y me saludó el Ministro De la Puente, que era Primer Ministro, con mucha confianza y yo la verdad que no lo conocía. Estaba Boloña por supuesto y estuvimos conversando de diferentes problemas del país hasta las 3 de la mañana. A las 3 de la mañana ya dije, bueno, ya está bien, acepté la presión. Y ese es la historia de mi ingreso al gabinete. Como anécdota puedo agregar que cuando fui a jurar al día siguiente que me citaron me olvidé que se necesitaba ponerse un fajín y que fui sin chofer y pretendí cuadrarme en el patio de Palacio, tuve que sacar mi carrito a la Plaza de Armas. Esa es la historia. El señor PRESIDENTE.— Gracias, ingeniero. Una pregunta antes de continuar con el tema del sector Público. ¿Usted no ha sido ni es director del Banco de Crédito? El señor CAMET DICKMANN.— Sí lo acabo de decir, Javier. El señor PRESIDENTE.— Se me había pasado. Gracias. En el caso del Ministerio de Economía, ¿cómo decide pasar a la función del Ministerio de Economía? El señor CAMET DICKMANN.— Si no se les hace pesado les tendré que contar en detalles otra anécdota. Boloña renunció un fin de año, 19, 30 ó 31 de diciembre, era el último día laborable. Nos habían citado a Palacio, habíamos estado toda la tarde en la Sala Grau perdiendo el tiempo porque no sabíamos, el Primer Ministro entraba, salía, entraba salía. Se iba donde Santiago y no sabíamos para qué nos habían citado y nos hicieron perder la tarde entera, y hasta nos trajeron una botella de menta y unos vasitos para que nos entretuviéramos, porque no había que hacer ni qué discutir. No sabíamos en realidad, no entendíamos la cita. Como a las 6 de la tarde el Primer Ministro, De la Puente, dijo, bueno, señores, pueden irse, todos tengan los teléfonos abiertos porque va a ver cambios en el gabinete. Ah, muy bien. Entonces, nos fuimos, yo salí de los últimos y me di cuenta que le dijo a Ross y a Boloña, ustedes quédense y cerró las dos hojas de la Sala Grau, fui el último en salir ante aquellos. Me enteré después que ambos habían salido. Como me pareció muy mal la salida de Boloña, y no es que yo sea boloñista pero era un hombre necesario, en mi opinión, en aquel momento. Pedí una cita con el Presidente de la República y me citaron a las 10 de la noche, algunos de los primeros días de enero, y me dijeron que fuera por la Base de Las Palmas, por ahí, y que ahí iba a esperar un carro con un oficial que me guiaría, la verdad que yo no conocía el lugar, una serie de vericuetos, y el Presidente me recibió, el edecán me llevó a una sala. Interesante, porque nunca lo voy a olvidar. Es que las puertas de esa salita, que no era muy grande, estaban abiertas, y cuando el edecán me planta en la puerta a su costado el señor Presidente, el señor Camet, estaba conversando Montesinos más el Presidente, y Montesinos le mostraba un papel. Bastó que Montesinos levantara la vista y me viera y salió por una puerta lateral rapidísimo y dejó al Presidente. Yo entré, Presidente, buenas noches. Vea le he pedido cita porque estoy en desacuerdo con la -6-

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