auditorias. Asimismo, la capacidad operativa de las oficinas descentralizadas
siempre fue bastante baja, puesto que buena parte de las funciones se realizaban
desde Lima gracias a misiones de expertos que complementaban el trabajo de
recolección de información obtenido en forma más bien limitada por las oficinas
provinciales.
Una de las buenas noticias provenientes de la CGR vino a fines de 1997 cuando
se firmó un convenio con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por medio
millón de dólares que permitió facilitar el proceso de desconcentración hacia
provincias. Del mismo modo se mejoró la calidad física de las sedes regionales y
la interrelación con los órganos de auditoria interna regionales para el
planeamiento de las auditorias.18
No obstante estas mejoras, el cuadro institucional enfrentaba grandes dificultades
al final del fujimorismo. Los retrasos eran enormes. Por un lado, la CGR no había
cumplido con presentar 316 expedientes en respuesta a sendos pedidos del
Congreso. Es decir, la CGR conducía muy lentamente todos los pedidos de
fiscalización emanados de los parlamentarios. A pesar de que se trataba del
legislativo fujimorista, caracterizado por su reiterada práctica de omisión al control.
Pues bien, incluso ante un Congreso como el que hemos tenido durante los
noventa, la CGR contrajo una voluminosa deuda de incumplimientos. Por otro
lado, la alta Dirección de la CGR tampoco cumplió consigo misma, sumando un
total de 451 auditorias iniciadas y no terminadas.
Finalmente, las resoluciones de la CGR caían en saco roto, al grado que el
gobierno de transición encontró 40,262 recomendaciones incumplidas.19 Las
visitas de inspección de la CGR arrojaban conclusiones que eran notificadas a las
instituciones visitadas. Pues bien, estas instituciones guardaban la recomendación
en su gaveta y no pasaba nada. Nadie se inquietaba y la CGR carecía de
capacidad para hacer cumplir sus recomendaciones.
IV) DIVERSAS ORIENTACIONES: ENCUBRIDORA DEL PODER EJECUTIVO Y
PERSECUTORA DE LA OPOSICIÓN
Otro rasgo notable de la CGR durante el fujimorismo fue su orientación a
escudriñar con severidad en las cuentas de las escasas instituciones públicas
dirigidas por la oposición y la ausencia de controles sobre el grueso del aparato
del Estado dirigido por el núcleo corrupto. Esta orientación se percibe inclusive en
las cifras con las cuales Víctor Caso Lay presenta su labor al frente de la CGR.
En efecto, a lo largo de sus siete años de gestión, sumando todas las acciones de
control de los más diversos tipos se alcanza la cifra de 1970. Pues bien, de ellas el
67% fueron practicadas a gobiernos locales. No obstante, estas entidades apenas
18
Convenio ATN-SF-5599-PE-CGR-BID, “Programa de Modernización
Gubernamental”.
19
CGR, Informe de gestión, período julio 2000-junio 2001, Lima: 2001, p. 7.
del
Sistema
de
Control
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